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Dese “la pela” por el bien de los niños pobres

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En estos días estuve dando una serie de conferencias en Colombia sobre el futuro de la economía global y las perspectivas de los precios de las materias primas. Como algunos sabrán, alrededor de estas conferencias siempre hay una muy agitada agenda de reuniones y conversaciones con inversionistas y con líderes de opinión. En esta ocasión me tomé muy en serio mi labor de ser el mayor defensor de las causas poco populares en Colombia, como, por ejemplo, ser el mayor defensor de la explotación de yacimientos no convencionales en el país, y de ser el mayor defensor del decreto de la licencia ambiental exprés. Como dice mi gran amigo Juan David Escobar, cuando uno llega a los 40 solo acumula grasa y enemigos. En esta semana acumulé muchos enemigos, que, valga decir, era la intención.  

Mi análisis es que el decreto de la licencia ambiental exprés es un buen y necesario comienzo del gobierno nacional para con la reactivación de la labor de exploración de hidrocarburos en Colombia. Necesario porque no se necesita ser un genio en petróleo para entender que si solo se adjudicó el 27% de los pozos ofrecidos en la ronda Colombia 2014, algo está pasando entre los petroleros. Que se hayan comprometido US$1.400 millones en nueva inversión no es noticia suficiente para borrar la mala noticia de la baja participación. Tengan en cuenta que en la ronda 1 de México el próximo año se van a adjudicar proyectos de inversión por US$35.000 millones, y créame, se van a adjudicar la totalidad de los proyectos, pues me consta que el interés de las compañías por entrar a México es impresionante. 

Considero que el gobierno ya comenzó a entender lo grave que es la competencia que se le viene al país desde México. La pésima noticia es que esta preocupación no ha llegado a los medios de comunicación, y por lo tanto, no ha llegado al ciudadano en general. Ciudadano que se queja de la inmensa carga tributaria de la que sufre, pero que no ha entendido que a menos que se mejoren las proyecciones petroleras a futuro, tendrá que pagar aún más impuestos en el futuro para fondear al gobierno. Al mismo tiempo los medios de comunicación, los que forjan el entendimiento del pueblo en general, apoyan de frente la necesidad de incrementar el gasto social con miras al llamado “posconflicto”. 

Pero eso sí, los medios de comunicación no tienen la valentía de defender el “fracking”. Los generadores de opinión de Colombia no tienen el valor intelectual de “bajar de la nube” al colombiano promedio que hoy en día piensa que el “fracking” es sinónimo de agua contaminada y que piensa que está bien que despotriquen de las petroleras porque “ganan mucho dinero”. ¿Cómo es posible que los programas radiales de la mañana no le expliquen al pueblo que el “government take” del petróleo en Colombia es de 70%? ¿Donde diablos queda su responsabilidad? 

El pensamiento del colombiano promedio me recuerda una conversación que tuve con el senador Luis Fernando Velasco en el programa “360 Grados” de Hassan Nassar hace ya un par de años. En un debate sobre el precio de la gasolina, uno en el cual yo argumentaba que bajar el precio de la gasolina en Colombia sería una política antisocial, el senador Velasco decía que era apenas lógico subirle los impuestos a las empresas petroleras para de esa forma poder financiar el costo fiscal de bajar el precio de la gasolina. Recuerdo que el Senador decía algo similar a esto en el programa: “fue lógico bajarle los impuestos a las empresas a principios de la década del 2000, pues en ese momento la inversión en Colombia era muy baja. Pero hoy la inversión y la producción es alta, entonces las circunstancias han cambiado.” Mejor dicho, cuando necesitábamos urgentemente el capital, entonces ahí si nos portábamos bien. Pero ahora que estamos mejor, pues entonces ¡matemos al capital!. Esa actitud rastrera es la que condena a Colombia a ser un país subdesarrollado.   

Es responsabilidad de la gente seria de Colombia hablarle claro a la gente. O acabamos con el anarquismo ambientalista, o acabamos con la demagogia de insistir en bajarle el costo a la gasolina, o acabamos con el famoso “es que las petroleras ganan mucho”, o nos vamos a quedar sin capacidad de fondear el gasto social en Colombia. No se quede callado, dese la pela por el futuro de los niños pobres de Colombia. Defienda el “fracking”.     

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