Analistas

Derecho al lucro, pero dependiendo del marrano

GUARDAR

Mi gran amigo Hassan Nassar me invitó hace unos días a participar en su programa 360 Grados, en Cablenoticias, para discutir la posibilidad de que el gobierno decretara una disminución del precio de la gasolina. El senador Velasco, el mayor escudero de la idea de disminuir el costo de la gasolina, participó en el debate. Cuando yo confronte su visión sobre el cómo subsanar el hueco fiscal que dejaría una eventual decisión de disminuir el costo de la gasolina, el respondió que tomando la decisión de cambiarle los contratos a las petroleras para que estas pagaran más impuestos. Según Velasco, “se justificó darles un tratamiento benévolo a estas empresas hace unos años, porque no había suficiente producción, pero como ahora están ganando tanto, pues toca cobrarles más.” Mejor dicho, cuando necesitábamos de la inversión, entonces tocaba portarse bien con el capital, pero como ahora estamos mejor, vamos a ir a quitarle todo lo que se ganan esos inmorales capitalistas. El que quiera entender el génesis del pensamiento del senador Velasco solo tiene que leerse un libro muy interesante de Plinio Apuleyo Mendoza, Álvaro Vargas Llosa, y Carlos Alberto Montaner.     
 
Las ideas que expresó el senador Velasco me obligan a publicar anticipadamente esta columna que religiosamente publico cada año, y que siempre titulo “La Definición De La Lógica Económica,” pues la verdad es que no hay derecho que seamos como somos. Acá va: considero que es mi obligación moral hacer hasta lo imposible para que Latinoamérica avance en la implementación de un sistema económico que aplique los postulados serios que ha logrado aplicar el pueblo chileno. El populismo latinoamericano es una enfermedad que ha generado mucho retraso y es menester de la gente responsable desvirtuar las mentiras con las cuales los demagogos captivan votos. Esta columna se basa en un documental que vi hace años, en algún canal, lo más probable que fuera el Discovery Channel. El documental básicamente se enfocaba en cómo ha evolucionado la sociedad chilena, comenzando desde la época de Valdivia, para luego discutir la época de Allende, la represión derechista, y terminando con el milagro económico y social del cual hoy Chile es muestra. 
 
La parte más interesante del documental fue una discusión impromptu que tenían un grupo de estudiantes de secundaria en un colegio estatal de Santiago. La maestra moderaba la discusión, y los alumnos opinaban apasionadamente sobre la política, la economía, sobre el futuro del país en general. El típico discurso latinoamericano de la existencia de una explotación elitista, de la necesidad de llevar a cabo una redistribución inmediata del ingreso, el discurso de la pobreza como el génesis de la violencia, etc., etc., primaba entre los comentarios de los alumnos. Recuerdo, sin embargo, a un joven muy especial que me impresionó. Este muchacho, cuando le fue adjudicado su turno para dar su opinión, dijo algo semejante a: “y  dónde queda el empresario? Acaso el dueño de la empresa no es el que nos está dando la posibilidad de trabajar?”
 
En mi opinión, el mayor logro de la historia económico-social de Chile ha sido el de haber logrado subir el estatus del emprendedor dentro de la sociedad. Este hecho social y cultural se ha convertido en un círculo virtuoso. El hecho de que la gente respete y admire el emprendimiento, incrementa el interés del joven de tomar las decisiones adecuadas para lograr crear empresa en el futuro. En Chile, el generador de empresa tiende a tener mejor “estatus” que el empleado. Es controversial, pero cierto. La persona más importante de la sociedad es el emprendedor. Nos guste o no, el emprendedor sostiene el consumo del resto de las personas en la sociedad.
 
La admiración al emprendimiento es la razón por la cual cuando uno toma un taxi en “el golf” en Santiago de Chile, y toma Apoquindo con dirección a las montañas, en unas pocas cuadras llega al nuevo parque de negocios de la ciudad. Un parque donde se están construyendo fácilmente 50 torres de negocios. Paso seguido dobla uno a la izquierda y entra en una autopista de varios carriles que no tiene nada que envidiarle a las de Alemania. En cinco minutos el taxi del hotel se sumerge en un túnel de varios kilómetros y de varios carriles que atraviesa la ciudad de lado a lado. Los carros que el taxi adelanta son todos nuevos y ecológicamente amigables. Nada de Chevrolets 1950. El viaje hasta el aeropuerto toma unos 20 minutos. No parece Chile. Parece Suiza. 
 
Este es el milagro chileno. Un milagro que genera emprendedores que pagan impuestos. Y un milagro que produce líderes como el antiguo presidente Ricardo Lagos, socialista quien, recuerdo claramente, en una conferencia en Nueva York hace unos 13 años dijo lo siguiente: “mi objetivo como gobernante de Chile es asegurarme que cada niño en mi país tenga la opción y la capacidad, si así lo desea, de volverse el próximo Bill Gates del mundo.” Que delicia de mensaje. Y qué desgracia que aún la mitad del continente no lo entienda…
GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés