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Durante el período de aislamiento asociado a la pandemia, que arranca en el primer trimestre de 2020 y se prolonga hasta entrado el año 2021, cabe pensar que el mundo entero sufrió un golpe muy fuerte en algo que podríamos llamar su estado de ánimo colectivo. Aquí intento responder dos preguntas diferentes, pero entrelazadas.
Primero, ¿cuál fue la magnitud en que ese bajonazo anímico se expresó en los diferentes países y cómo le va a Colombia? Segundo, ¿qué tanto se ha revertido ese bajonazo anímico y cómo le va a Colombia en ese frente?
Para mirar el tema, yo creo que contamos con una aproximación razonable que aprovecha el trabajo de mucha gente que lleva años en un empeño muy importante e íntimamente relacionado.

Concretamente, mi tesis es que las cifras del World Happiness Report, que tiene como objetivo medir, año tras año, el grado hasta el cual la gente está satisfecha con su vida en un sentido amplio, son una buena aproximación a lo que uno quisiera significar cuando utiliza el concepto de estado de ánimo. Un buen estado de ánimo, en otras palabras, se expresa como una satisfacción relativamente alta con la vida en su conjunto.
El indicador está basado en encuestas -una de las maneras más comunes de captar lo que piensa y siente la gente- que lleva a cabo, a lo largo y ancho del mundo, la empresa Gallup. La encuesta le muestra a la gente una escalera -llamada Escalera de Cantril por el psicólogo que la inventó- que arranca en un escalón 0, reflejando lo que el encuestado consideraría la peor vida posible, y llega hasta el escalón 10, donde está sugerida la mejor vida posible. Y le pregunta a la persona encuestada: ¿en qué escalón se ubica usted?

Resulta que en el período de la pandemia, que aquí voy a aproximar con las cifras del trienio 2019-2022, los encuestados en más de la mitad (58%) de los países experimentaron un bajonazo anímico. Otros experimentaron lo contrario: una oleada positiva. El mismo informe habla de una “pandemia de benevolencia” que se vio claramente en muchos países en 2021 y que afecta las cifras del gráfico.
Si uno toma la variabilidad del indicador entre 2011-2019, es decir, el período precovid, como ancla y mide la variación del indicador 2019-2022 en relación con esa ancla, concluye que el estado de ánimo en Colombia experimentó uno de los golpes más fuertes del mundo, entre el 4% más grande de los 126 países de la muestra (Gráfico 1).
Respecto a la segunda pregunta, la recuperación anímica posterior a la pandemia, el Gráfico 2 muestra la diferencia entre el indicador puntual de 2025, estimado a partir de cifras promedio trianuales publicadas en el informe, y el dato puntual observado en 2019. La línea punteada separa los países que están por debajo de donde estaban en ese entonces (lado izquierdo de la línea) y los países que están por encima (lado derecho).

De nuevo, el estado de ánimo de Colombia se destaca, no solo porque sigue por debajo de donde estaba en 2019, sino también, y quizás más relevante, porque está entre el 15% más negativo de los 124 países de la muestra.
La conclusión es clara. Primero, en Colombia, en términos comparativos, la pandemia se asocia con un bajonazo muy importante del estado de ánimo colectivo. Segundo, ese bajonazo anímico tiene un efecto que ha sido, también en términos comparativos, inusualmente prolongado.
El indicador busca medir factores existenciales definidos por la propia persona encuestada, no impone una definición específica ni mucho menos hace referencia a variables como el ingreso o el consumo de bienes. Por esta razón, el indicador no es necesariamente contradictorio con hechos simultáneos, como por ejemplo la elevada confianza de los consumidores que vemos en Colombia. Pero sí podía tener que ver con el bajonazo paralelo de la inversión, que al fin y al cabo requiere de unos espíritus animales que bien podrían depender críticamente del estado de ánimo. En este frente, Colombia es un caso excepcional y extremadamente preocupante (Gráfico 3).