Una de las desventajas es que se genera ansiedad en saber cómo está adecuado nuestro espacio de trabajo y cómo lo va a ver el resto

Ana María Sánchez - amsanchez@larepublica.com.co

A raíz de la coyuntura actual, los espacios de trabajo han migrado hacia una parcial o total virtualidad, en muchas ocasiones. Esta nueva modalidad ha generado que las reuniones necesarias para tomar decisiones o simplemente construir hojas de ruta diarias se realicen a través de apps como Zoom, el nuevo boom en internet que ya cuenta con 300 millones de usuarios activos y que ha crecido exponencialmente por el ritmo que ha marcado el covid-19.

Sin embargo, para muchos trabajadores estas reuniones virtuales resultan más agotadoras. Según la agencia de noticias británica BBC, las reuniones cara a cara son rituales que reconfortan, tranquilizan y son necesarios para mantener la interacción, por esta razón la pérdida de la comunicación no verbal se vuelve un vacío difícil de llenar en los espacios virtuales.

Además, se genera cierta ansiedad en saber cómo está adecuado nuestro espacio de trabajo y cómo lo vayan a ver nuestros compañeros o jefes.

Otra de las razones está más vinculada con lo psicológico, pues según la agencia de noticias, mirar nuestra propia cara resulta estresante, ver las expresiones faciales negativas pueden llevar a emociones un poco más intensas, de lo que podría llegar a ser en una reunión cara a cara.

Y, finalmente, la conexión a internet, resulta siempre ser un problema en el mundo de la virtualidad, pues corta ideas y conversaciones que a veces quedan inconclusas.