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EDUCACIÓN Ambientes propicios para la educación
miércoles, 10 de julio de 2019

Adalberto Loaiza

Sin lugar a duda, la educación sigue siendo uno de los más importantes agentes generadores de cambio en la sociedad. En este sentido, las instituciones educativas están llamadas a generar ambientes motivantes en las aulas de clase tanto para sus estudiantes como para sus maestros. Cuando la comunidad educativa se siente motivada y está a gusto, se evidencia en el desarrollo personal y profesional de las personas.

Al hablar de ambientes propicios no solo nos referimos a la seguridad con la que debe contar un espacio, sino a ese entorno que no sé ve, pero en el que conjugan un sinnúmero de relaciones interpersonales que ayudan a la educación de los niños y jóvenes. Un buen ambiente escolar, no solo para los estudiantes sino para toda la comunidad, es vital para un aprendizaje integral.

Las instituciones se enfrentan a diferentes retos a la hora de generar estos ambientes y es que no es un secreto que las nuevas tecnologías y la comunicación, han jugado un papel decisivo para que las relaciones se transformen, pues en muchas ocasiones los jóvenes se sumergen en el mundo virtual a través de sus celulares y dejan pasar oportunidades para la interacción real, cara a cara con la persona que tienen a tan sólo unos pasos de distancia. Es allí donde las instituciones deberán apostarle a la innovación y jugársela por transformar estos ambientes de aprendizaje y relaciones sociales.

Los maestros también tienen el gran reto de crear las condiciones dentro del aula que inviten al alumno a participar, pensar, reflexionar, dialogar, trabajar en equipo y aplicar sus conocimientos en la realidad sin que se sienta amenazado o intimidado por sus compañeros. El miedo a expresar opiniones en público o el miedo a fracasar al aventurar una respuesta son fuertes inhibidores del aprendizaje. Las reglas de juego que rigen la convivencia deben hacer énfasis en el derecho a expresarse sin recibir agresiones por ello y los adultos deben ser garantes de que así sea. Muchas instituciones han implementado con éxito programas de resolución de conflictos donde los mismos estudiantes son protagonistas en la mediación entre pares.

Tanto el entorno escolar en general, incluyendo los espacios físicos, como el entorno del salón de clase deben brindar al estudiante la seguridad emocional suficiente para interactuar sin temor y para crear relaciones reales (y no sólo virtuales) de manera significativa, de tal manera que el aprendizaje y el desarrollo emocional se den de manera fluida y positiva.

El no ser felices es uno de los principales motivos de cambio de colegio referidos por los padres de familia y esto se debe básicamente porque los alumnos no se sienten a gusto. Algunas instituciones no logran realizar un balance entre la enseñanza de competencias académicas y el desarrollo personal de los niños y jóvenes. Por tal razón ellos deben sacrificar su tiempo de vida familiar, el desarrollo de talentos o intereses entre otros aspectos. Esta situación genera elevados niveles de frustración, estrés y ansiedad para ellos y sus familias.

En la escogencia de colegio es clave tener en cuenta un proyecto educativo que contemple la felicidad como un eje transversal ya que esto permitirá darle sentido a su proceso de formación académica y personal. Las habilidades y hábitos para construir una vida feliz se pueden incentivar desde la primera infancia, de modo que entre más temprano se inicie el proceso de enseñárselas a los niños, tendrán más herramientas para enfrentar los retos vitales de cada etapa.

El futuro de la educación no solo en Colombia sino en todo el mundo, debe procurar trabajar de una manera más intencional la educación socio-emocional de los estudiantes. La información (bases de datos, internet, etc.) está disponible, pero el relacionarse con la vida y con los demás, eso se debe aprender y es una oportunidad perfecta para que colegios y maestros se reinventen cada día.