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En cambio, inicie con la frase final: sea directo y vaya a la conclusión desde la primera oración. Esto no es crueldad ni rudeza innecesaria; terminar pronto con el momento “vergonzoso” de hecho es mucho más considerado que alargar la conversación. Este enfoque reduce la ansiedad de todos y el riesgo de un malentendido. Y hay otra cosa más a considerar: frecuentemente sobrestimamos lo difícil que es para los demás escuchar lo que tenemos que decirles. Recuerde que las personas son resistentes, y reconozca cuando su propia incomodidad está evitando que ocurra una conversación.
Adaptado de “How to Start a Conversation You’re Dreading”, de Peter Bregman.
Pensar que el trabajo habla por sí solo puede convertirse en un freno para llegar a puestos de alta dirección, por ello es necesario desarrollar habilidades de influencia, construir relaciones y comunicar el impacto del trabajo