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EDITORIAL Un asunto de gran cuidado en 2015
sábado, 10 de enero de 2015
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Hay un peligroso rebrote inflacionario en la economía que no se puede dejar crecer, pues sería grave para el consumo

Es evidente que la inflación de dos dígitos es asunto del pasado, no solo en Colombia sino en casi todo el mundo, con contadas excepciones. Desafortunadamente uno de esos casos singulares  es la vecina Venezuela, cuyo incremento fue de 65% en el año que acaba de pasar. Muy lejos de ese registro está nuestro país, 3,66% en 2014, pero el dato debe ser objeto de reflexión y alerta por parte de las autoridades monetarias y de gobierno, en el entendido que representa un aumento sustancial frente al período anterior en el que llegó a solo 1,94%.

A la tendencia alcista en el costo de vida en los últimos meses, hay que agregarle factores reales que se están presentando y que pueden afectar el rumbo del manejo de la economía, así puedan ser compensados por los menores precios de los combustibles que sin duda es un elemento que debe amortiguar los mayores costos de las otras variables. Sin embargo, dado que en el país se ha decidido usar el precio de la gasolina como un mecanismo de apoyo fiscal, su impacto se prevé en extremo marginal.

En particular, hay dos temas que merecen la máxima atención: en primer lugar, el aumento en el precio del dólar que tiene un impacto directo en los costos de producción por efecto de un encarecimiento de las importaciones y en segundo término, la oferta interna de alimentos que se supone puede reducirse como consecuencia de las adversas condiciones del clima, previstas para la primera parte del año por el fenómeno de El Niño. Las primeras señales en este sentido ya son evidentes, pues al cierre de 2014, los precios de los alimentos registraron un incremento de 4,69%, esto es, una cuarta parte de más que el promedio agregado de la inflación y todo muestra que esa tendencia al alza se mantendrá.

En una economía global como en la que se vive hoy, es evidente que una deficiencia interna de abastecimiento puede ser corregida por la vía de una mayores importaciones que suplan la diferencia, lo cual no se descarta. Sin embargo, es claro que esas compras al exterior estarán afectadas por una tasa de cambio sustancialmente mayor a la del pasado y en este sentido el sector productivo deberá cargar con mayores costos que serán trasladados a los precios finales al consumidor, lo cual deberá expresarse en un aumento en la inflación, a no ser que la economía no responda a una dinámica de demanda y se genere así una desaceleración mayor a la esperada.

Las autoridades deben actuar, en particular el Banco de la República, quien es el responsable principal de una moneda sana, en el entendido que una mayor inflación introduce elementos dañinos a la economía en general, como ningún otro instrumento y erosiona la capacidad de compra en especial de los más desprotegidos.

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