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EDITORIAL

Política de la postverdad en la reforma tributaria

miércoles, 26 de octubre de 2016
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LA Postverdad es un discurso dañino y deliberado, que ya se empieza a ver en las palabras que usan quienes están en contra de la tributaria. 

Hace pocas semanas el influyente semanario británico, The Economist, revivió un viejo término en su tradicional análisis político y económico que bien vale la pena traer a colación en estos momentos. Se trata de The Post-Truth Era, un concepto acuñado por Ralph Keyes en 2004, pero que se ha masificado entre los intelectuales del mundo, luego del ensayo escrito en septiembre por la revista bajo el titular Art of the lie.

Dice el artículo que un fantasma recorre el mundo político y económico regando certezas sobre lo que es cierto o falso sin los soportes científicos de las aseveraciones. No hay una clara distinción entre lo que es verificable o fantasioso, atentando en contra de la formación de la opinión pública. Dice The Economist que “políticos y periodistas de todo el mundo son víctimas y cómplices al mismo tiempo de esta ola de versiones contradictorias e inconexas que relativiza la lógica de los hechos y por lo tanto de argumentar a partir de datos objetivos (...) Ese nuevo fantasma reinante no es la mentira -que es tan vieja como el mundo- sino la post-verdad”.

La llamada post-verdad es un discurso público intencional, corrosivo, dañino, deliberado y basado más en los prejuicios que en el saber científico, característico de regímenes totalitarios en los que el gobernante tiene la razón sin mayores reproches y sin sustentos. El objetivo de los mejores expositores de esta tendencia en la formación de opiniones es decir cosas que la gente quiere oír, repetirlas muchas veces y nunca dar los soportes científicos o técnicos de tal manera que la gente los consume porque interpreta sus intereses y no tiene la capacidad de refutarlos.

Fenómenos como Trump y el Brexit son dos ejemplos claros de esa tendencia que se empieza a ver en discursos en contra de la reforma tributaria estructural que ha sido presentada por el Gobierno Nacional ante el Congreso de la República. Hay muchos mitos y verdades a medias en torno a los impuestos y sus implicaciones que hacen carrera y que no tienen otro objetivo que desinformar sin soportes técnicos o científicos. Hay un bien superior en torno a la discusión tributaria y es la necesidad de financiar más la inversión social y hacer que el empleo formal crezca en un país con casi la mitad de la informalidad. Pero el punto más importante es que la inversión extranjera pueda seguir considerando al país como un objetivo para desarrollar proyectos, pero puede suceder que sino se aprueba esa reforma estructural se pierda el grado de inversión y las empresas no traigan sus recursos. Actualizar el sistema tributario nacional es una obligación para los actuales gobernantes si verdaderamente son conscientes de las necesidades futuras del país.

Colombia es un país desigual e inequitativo que necesita de grandes recursos tributarios para poder generar mayor bienestar y lograr sacar a más colombianos de la pobreza. 

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