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EDITORIAL

Peñalosa, Cárdenas, Petro y el metro capital

lunes, 16 de noviembre de 2015
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Se ven nubes en el proyecto del metro que anticipan que la nueva administración de la Capital retrasará más la necesaria obra del metro capital.

Bogotá necesita la primera línea de metro urgentemente. No hay ningún asunto más sobrediagnosticado en Colombia como el metro para la capital, un tumor que crece con el paso de los días y en el que todos los presidentes de la República, los alcaldes mayores y los concejales distritales, que han pasado esos cargos, tienen responsabilidad de no haberlo sacado adelante, condenando con su incapacidad administrativa a muchas generaciones al subdesarrollo en términos de movilidad y calidad de vida.

Ahora la decisión política y económica está en manos del alcalde electo, Enrique Peñalosa, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas y del alcalde saliente, Gustavo Petro. Una suerte de “El bueno, el malo y el feo”, no respectivamente, haciendo alusión al clásico spaghetti western. No entraremos en la calificación de quién es el bueno, el malo y el feo, pues no vale la pena en el caldeado clima político colombiano. Lo importante en este momento es que los responsables de esta crucial megaobra se pongan de acuerdo y no sigan engrosando en la historia la larga lista de incompetentes que no pudieron darle el necesario metro a una ciudad con graves problemas de movilidad para 10 millones de habitantes.

Se supone que esta semana habrá una reunión entre  Petro, Peñalosa y miembros del comité consultivo para el proyecto metro de Bogotá y a la cual debe asistir Cárdenas o Simón Gaviria, como dueños de la chequera del gobierno central. Está claro que todos quieren buscar eficiencias y reducir costos, pero los bogotanos necesitan soluciones urgentes que trasciendan los orgullos y la dañina milimetría política. La semana pasada el Gobierno Nacional ordenó suspender el convenio que tiene con el Distrito para hacer la estructuración financiera de esa megaobra, decisión basada en las ideas que tiene el alcalde electo y que afectan los pliegos de licitación que saldrían en marzo de 2016.

Los bogotanos no pueden seguir ilusionados con el metro y no se pueden perder casi diez años de estudios. Justamente ese es el problema que siempre llega un mandatario distrital con ideas propias sin pensar en el bien común. Ya se dio el primer campanazo de alerta sobre lo que le puede suceder a los recursos del metro para la capital, destinados por la Nación, de $9,7 billones. Que no ocurra nuevamente que ese dinero se destine para obras en otras regiones más eficientes, para atender las consecuencias del cambio climático, para tapar algún déficit o para las innumerables necesidades de inversión social que se destaparán en el posconflicto. Las semanas venideras son cruciales para el futuro de la megaobra colombiana, más que bogotana, pero se abre espacio en el horizonte una luz de desilusión porque la nueva administración no es clara ni contundente con respaldar un proyecto que se debió haber realizado hace seis décadas.

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