miércoles, 5 de diciembre de 2012
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Por más que se busquen otros enfoques, Colombia sigue en deuda en transparencia y competitividad

El indicador que faltaba para cerrar este año de mal en peor en materia internacional es el de transparencia en el que pasamos del puesto 80 al 94, según la organización no gubernamental, Transparency International. La lista de los 176 países estudiados la encabezan Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda, que obtienen notas de 90 puntos sobre los 100 puntos posibles. Entre los países del vecindario, Chile y Uruguay son los menos corruptos y se ubican en el puesto 20 con una nota de 72 puntos de los 100, que refleja el máximo nivel de transparencia.

 
Es una tristeza que en lugar de mejorar Colombia retroceda a la posición 94 entre los más corruptos. Otros lugares de referencia en el continente son: Canadá que está en el puesto 9 con una nota de 84 puntos; Barbados en el 15 y Estados Unidos en el 19. Costa Rica tiene 54 puntos, Cuba 58 y Brasil 69. Venezuela cierra la lista en el puesto 165, que comparte con Haití, con una nota de 19 puntos, solo por delante de países como Afganistán, Corea del Norte, Somalia e Irak.
 
Si este indicador -que es el peor de todos- lo sumamos a los tres de competitividad en los que nos va muy mal, nos damos cuenta que estamos retrocediendo en el panorama internacional. En pocas palabras: a los ojos del mundo, somos muy corruptos y poco competitivos, dos estigmas que difícilmente se pueden borrar. ¿Qué está haciendo el Gobierno para mejorar estos indicadores? Muy poco. Solo se han articulado costosos, rutilantes y rimbombantes consejos privados de competitividad que poco o nada hacen. Y en materia de corrupción poco se ha adelantado para hacer que la sociedad colombiana avance en esta materia. 
 
¿Quién debería hacer algo para bajar los niveles de corrupción? Primero la justicia que debe ser muy dura con los funcionarios públicos corruptos a través de la Procuraduría y la Contraloría. Pero en la esfera privada son la Fiscalía y las superintendencias las que deberían trabajar más a fondo con los empresarios contratistas, pues en este país debe aplicarse más el refrán de Sor Juana Inés de la Cruz “quién peca más, la que peca por la paga o el que paga por pecar”. No es fortuito que haya un Alcalde Mayor preso por corrupción; que hayan unos empresarios presos por carruseles y que las cárceles sean habitadas por muchos senadores y representantes que trabajan con delincuentes.
 
Falta mucho para que salgamos de esos penosos listados que alejan la inversión externa de calidad y que le roba bienestar a los colombianos honestos y más necesitados. Está en manos del Gobierno Nacional pellizcarse con estos indicadores y verdaderamente mostrar resultados que nos pongan en otros niveles de percepción.
 

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