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EDITORIAL

La paz como un derecho fundamental del hombre

miércoles, 22 de junio de 2016
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Colombia se precia de ser una de las democracias más antiguas del Occidente, pero olvida que la paz y el desarrollo son conceptos ligados en toda sociedad.

Desde hace varias décadas se discute al interior de la Organización de Naciones Unidas, y en particular de las Unesco, si la paz debe ser considerada como un derecho fundamental al lado de otros ya institucionalizados en casi todos los Estados occidentales, como la libertad individual, la propiedad, la seguridad y la libre comunicación de pensamientos y opiniones. Curiosamente, en Colombia, el tema en este momento genera divisiones individualistas por las diferentes concepciones o ideas que se tienen sobre lo que es paz. El asunto se ha politizado tanto que hay claras divergencias sobre qué es vivir en paz como país y qué es tener paz como persona.

Hace casi dos décadas, durante el quincuagésimo aniversario de la Unesco, se llevó a cabo el “Año Internacional de la Tolerancia” durante el cual se empezó a hablar atacar las causas de la marginación, la indiferencia, el rencor, la animadversión, claras fuentes de conflicto. En ese momento se planteó un documento de trabajo en el que se planteaba que “la paz duradera es premisa y requisito para el ejercicio de todos los derechos y deberes humanos. No la paz del silencio, de los hombres y mujeres silenciosos, silenciados. La paz de la libertad -y por tanto de leyes justas-, de la alegría, de la igualdad, de la solidaridad, donde todos los ciudadanos cuentan, conviven, comparten. Paz, desarrollo y democracia forman un triángulo interactivo. Los tres se requieren mutuamente. Sin democracia no hay desarrollo duradero: las disparidades se hacen insostenibles y se desemboca en la imposición y el dominio”.

Si Colombia logra de la mano de la presente administración nacional un acuerdo con la guerrilla de las Farc para ponerle fin al conflicto que la ha desangrado por más de medio siglo, el avance se constituirá en un paso gigante para desarrollar al país en democracia sólida, pero sobre todo en luchar contra la desigualdad que es uno de las fuentes generadoras del conflicto interno. No solo se trata de atacar la desigualdad, sino de prevenirla más allá de unas eficientes políticas de Estado en ese sentido. El proceso de paz colombiano debe poner el tema de la paz, como un derecho fundamental, en la agenda política global (al menos regional) porque son muchos los países que tiene en la guerra interna su peor flagelo a superar; las naciones que viven en armonía como consecuencia de la construcción de un Estado de Bienestar o por sus necesidades básicas satisfechas para toda su población, viven claramente en paz, no saben qué es experimentar un conflicto, y puede suceder que el discurso en mención no sea atractivo, pero son muchos los países en donde hay generaciones enteras que no han tenido un solo día de paz.

Si se logra la firma de este acuerdo con las Farc, bien se puede empezar a trabajar en prevenir situaciones que atenten contra la paz en un futuro.

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