lunes, 3 de febrero de 2020

Hoy no es un día ordinario para la economía global, por primera vez en varias décadas la Unión Europea está sin Gran Bretaña y lo que suceda en el futuro no se puede prever

EditorialLR

Ninguna columna había sido más esperada en la prensa económica que la de Martín Wolf en el Financial Times sobre el futuro de Gran Bretaña después del Brexit. El analista simplifica la situación en un breve comentario de alto contenido económico, pero de simpleza básica para los ingleses: “Brexit es la decisión de separar al Reino Unido de las instituciones que gobiernan el continente del que inevitablemente forma parte. Un resultado es seguro: los británicos perderán el derecho a mudarse y trabajar en toda la Unión Europea, al igual que los ciudadanos de los países miembros de la UE a vivir y trabajar en el Reino Unido. Eso es menos libertad. Es el resultado de insistir en que uno no debería tener una identidad política británica y al mismo tiempo europea”.

Wolf dice que en adelante “los políticos británicos solo podrán mirar, con sus narices contra el vidrio, a través de las ventanas de la UE mientras se tomen determinaciones que los afectarán. Esas decisiones definirán la evolución del mercado único y de las políticas comerciales y climáticas de la UE. Sin el Reino Unido, la UE seguirá teniendo 450 millones de personas y será responsable del 18% de la producción mundial”. La salida del mercado común no debilita a Europa, habrá un serio detrimento de la dinámica comercial entre Gran Bretaña y los comunitarios que ahora tendrán privilegios entre ellos. Los vehículos británicos, por ejemplo, van a estar en desventaja en terreno europeo frente a los alemanes, al igual que los servicios financieros. Son muchas las actividades que se verán muy afectadas en el largo plazo. “Europa seguirá siendo el socio comercial más importante del Reino Unido”, pero sus miembros comunitarios remplazarán los bienes y servicios británicos.

Es un hecho que, con un acuerdo de libre comercio básico, el PIB per cápita de los ingleses sea 5% menor a largo plazo. “Sin la inmigración neta proveniente del Espacio Económico Europeo la pérdida se eleva 0,5 puntos porcentuales. Es posible que el Reino Unido pierda cerca de la mitad del potencial crecimiento del PIB per cápita durante la próxima década, con graves consecuencias para los ingresos y el gasto del gobierno”. El nuevo mapa comercial que debe empezar a pintar Gran Bretaña es muy distinto a cualquiera visto hasta ahora en donde el común denominador no es distinto a la globalización en detrimento de las economías tipo lobo estepario características del socialismo. Todo esto desencadena la inevitable reconformación británica con una Escocia proeuropea y nuevos aires de unificación irlandesa. Son muchos los cambios que se pueden dar y quizá las nuevas sociedades no estén tan preparadas para ello.

En palabras de Wolf, Gran Bretaña deberá luchar contra un débil crecimiento de la productividad, una deficiente infraestructura, y “el bajo desempeño de ciertos sectores de su sistema educativo (...) El Brexit no resolverá ninguno de esos problemas”. “Es posible imaginar un Reino Unido enojado y destructivo buscando coordinarse con el EE.UU. de Donald Trump en contra de la UE”, una situación que nada bien le hará a la economía, pues China aparece con fuerza en todos esos vacíos que los países otrora poderosos van dejando gracias a sus decisiones.