viernes, 4 de septiembre de 2020

Bajo ninguna circunstancia se puede trivializar a la muerte y la destrucción que ha dejado la pandemia, pero tras su cortina de desolación también se esconden buenas noticias

EditorialLR

Michael Spence, premio Nobel de Economía y profesor emérito de economía de la Universidad de Stanford, escribió un ensayo para Project Syndicate en el que plantea que mientras los comentaristas económicos se centran en la divergencia, los índices generales del mercado de valores están en máximos históricos.

“Gran parte de la economía lucha por recuperarse de una de las recesiones más graves de la historia (...) Mientras que el S&P 500 se han recuperado por completo a sus niveles previos a la pandemia, y el Nasdaq, que se inclina hacia las empresas digitales y tecnológicas, ha subido un 26% (...) Los mercados de valores están reflejando poderosas tendencias subyacentes amplificadas por la economía pandémica.

Los precios de las acciones y los índices de mercado son medidas de creación de valor para los propietarios del capital, que no es lo mismo que la creación de valor en la economía en general, donde el trabajo y el capital tangible e intangible juegan un papel”.

Claramente, luego de un semestre de pandemia se empiezan a ver los ganadores y los perdedores de este extraño período de la historia económica reciente. “Las valoraciones de mercado se basan cada vez más en activos intangibles, entre ellos, la propiedad y el control de los datos, que confieren sus propios medios de creación de valor y monetización.

Según un estudio reciente del S&P 500, las acciones de empresas con altos niveles de capital intangible por empleado han registrado las mayores ganancias este año, y cuanto menos capital intangible por empleado tienen las empresas, peor se han comportado sus acciones”.

El primer gran dividendo de la pandemia es la aceleración de la economía digital, el verdadero desembarco de la llamada cuarta revolución industrial, y lo que no es muy distinto, la transformación tecnológica no solo para las empresas, sino para los consumidores quienes se han visto obligados a un distanciamiento social y a desarrollar una vida “digital”, otrora lejana y vista como una meta por cumplir en el futuro.

Dice Spence que “la economía pandémica ha acelerado la tendencia prepandémica que favorece la creación de valor de activos intangibles a través de empresas con relativamente menos empleados. Podemos esperar que esta tendencia continúe, aunque no al ritmo acelerado inducido por la pandemia. Las empresas tradicionales se recuperarán, pero la desconexión en la creación de valor entre las empresas en función de los intangibles por empleado persistirá y seguirá siendo un importante desafío económico y social”.

Las nuevas tecnologías, tipo servicio de teleconferencias de Zoom, han sentido un gran tirón que las ha puesto en la escena social y financiera, pero el reto está en mantenerse vigentes y necesarias para las personas. Los consumidores, quienes se han visto alejados de los almacenes y centros comerciales por una voluntad ajena, tarde o temprano retornarán a sus viejos usos y costumbres; tal como ha sucedido con el teletrabajo, pero estos nuevos hábitos adquiridos en tiempos de pandemia rebotarán para quedarse en la sociedad.

Las tareas escolares, por ejemplo, serán virtuales, como una suerte de horario extendido para los estudiantes y el trabajo desde la casa le abrirá paso a nuevos contratos y relaciones de dependencia que antes eran impensables. Las herencias que deja la economía pandémica no son necesariamente malas.

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