sábado, 27 de junio de 2020

No tiene sentido que por un lado se busquen las maneras de refinanciar las deudas familiares, mientras que por el otro se empuje al consumidor a comprar sin tener con qué

EditorialLR

Durante las primeras jornadas de la obligatoria cuarentena como consecuencia del covid-19, el Gobierno Nacional sembró en el imaginario popular que había una cascada incuantificable de ayudas económicas para los más afectados por el virus, esas familias y empresas que se iban a ver afectadas y que no tendrían como honrar sus deudas contraídas en tiempos de la pandemia. El mensaje sin ningún tipo de filtro se convirtió en “la espada de Damocles” sobre el sistema financiero, particularmente los bancos, que tuvieron que sortear la irá de los cuentahabientes que no entendían cómo no les refinanciaban sus deudas, tal y como lo había anunciado el Ejecutivo. Incluso se alcanzó a fraguar un peligroso “tira y afloje” atizado por los políticos populistas de turno para empujar a los deudores en contra de los banqueros. Con el paso de los días las cosas mejoraron notablemente y cada vez son más las líneas de entendimiento entre consumidores e instituciones que han encontrado puntos de coincidencia en medio de esta crisis económica que a todos está afectando. Luego, vino la decisión del Ministerio de Hacienda de adelantar los tres días sin IVA diseñados durante la última reforma tributaria y que buscan dinamizar el consumo de las familias y reactivar el comercio. La primera jornada sin IVA tuvo un absoluto éxito, pues si en un día normal se vende poco más de $1 billón en el comercio en general del país, durante esa jornada sin dicho impuesto, se vendieron más de $5 billones; cifra que seguramente se reflejará en el comportamiento de las ventas durante junio y que se volverá a repetir la próxima semana, el 3 de julio y el siguiente 19 del mismo mes. Sin duda son jornadas necesarias desde el punto de vista económico, pero peligrosas desde el cuidado de las personas, más aún si se miran las finanzas personales.

En momentos de “vacas flacas” para la economía y de creciente desempleo pareciese contradictorio que se empuje a las familias a consumir más, pero la situación tiene sentido dado que hay decisiones de consumo aplazadas desde hace más de 100 días y que los consumidores quieren aprovechar, máxime cuando existe la gabela de no tener IVA de 19%. El error se comete cuando las mismas familias empiezan a gastar sin tener en cuenta el riesgo de sus ingresos futuros, o lo que es peor, comprar más allá de lo que puede pagar, bajo el supuesto de que mañana habrá ayudas por parte del Gobierno Nacional para pagar las cuentas en tiempos de pandemia. No se puede gastar más de lo que se ingresa y las deudas no planeadas pueden llevar a la ruina a familias enteras; antes de la cuarentena la cartera del sistema financiero rondaba el $502 billones, con crecimiento de 4,8%, ahora las cifras muestran que ya va en $530 billones, con alza de 7,76%, una cifra que dispara las alertas sobre una burbuja que puede estar creciendo sino se sensibiliza sobre la racionalidad de las decisiones de consumo. Desde siempre y en cualquier lugar del mundo, guardar dinero del presente para gastar en el futuro es una de las fórmulas del éxito y el principio de las inversiones, regla que no ha cambiado en la pandemia y que puede ser la tabla de sobrevivencia de las familias que no deben dejar de elaborar presupuestos de sus ingresos y sus gastos para poder sortear esta “mala hora económica”. El llamado a gastar es una suerte de canto de sirenas que puede traer malas consecuencias.

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