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EDITORIAL Empezar a vender petróleo a dos manos
jueves, 27 de enero de 2022

Precio del petróleo Brent alcanza los US$90 por primera vez desde octubre de 2014 y las cuentas nacionales empiezan a mejorar, solo falta un buen plan para la bonanza por venir

Editorial

Colombia puede empezar a hacer a cuentas (no alegres) con los altos precios del petróleo que experimenta el mercado, una situación inédita en casi dos décadas que no debe pasar desapercibida. No es prematuro plantear que está por llegar una mini-bonanza petrolera derivada de la crisis geopolítica entre Rusia y los países de Occidente por Ucrania, sumada a la reactivación en auténtica “V” en el crecimiento de todas las economías, sólo para citar el caso colombiano que el año pasado hizo repuntar su PIB en dos dígitos y se espera que este 2022 esté más cerca de 5% que de 4%, números nunca alcanzados en otros periodos y que harán pasar a la historia económica la gestión del presidente Iván Duque. Ahora el punto está en cómo el Gobierno Nacional saliente va a manejar esos recursos no previstos, máxime si se tiene encuentra que las cuentas nacionales del Marco Fiscal estaban hechas con un precio promedio del barril de petróleo de US$63; en pocas palabras, casi un 43% de buenas noticias que redundarán en beneficio del crecimiento del PIB, de la reducción de la deuda externa y la estabilización de la tasa de cambio. Quizá el barril de crudo a US$90 es la mejor noticia de la última década, situación que ojalá dure varios años y beneficie las arcas nacionales. Al lado de este suceso positivo (aunque siempre hay aves agoreras) están los altos precios del café que desde hace casi 18 meses se mantienen en US$3 la libra, asegurado buenos ingresos para más de medio millón de familias dedicadas al grano. Obviamente, los altos precios del crudo no vistos desde octubre de 2014, sí son un verdadero acontecimiento que pueden cambiarle la cara al país, pero sobre todo debe obligarse a las autoridades energéticas a redoblar esfuerzos para avanzar en el fracking, acelerar el número de taladros en operación, entregar nuevos bloques de exploración, aumentar las reservas, pero sobre todo, incrementar el número de barril de producción diarios por encima de los 900.000. Las energías extractivas están condenadas a morir en función del rápido avance de la sostenibilidad y las renovables, situación que obliga a extraer al máximo un crudo y un gas que en pocas décadas no tendrán estos mismos precios. La historia dicta que si no se aprovecha este momento, las cosas no regresan y se lamentarán. Es cierto que no se puede cantar a cuatro vientos la palabra “bonanza”, pero es un hecho (de acuerdo con las externalidades) que esta vez esos US$90 por barril van a durar y los países de la Opep así lo trabajarán. Por ahora, se observa volatilidad, los precios están en un máximo de siete años, pero la demanda continúa recuperándose de la pandemia cuando el crudo tocó un piso de US$20 a medida que aumenta la movilidad y la reactivación plena de sectores como el automotriz y el transporte marítimo. Goldman Sachs se sostiene en sus pronósticos de que el petróleo alcanzará los US$100 el barril este año porque el mercado ha tenido un suministro insuficiente persistente desde mediados de 2020, gracias a los recortes de la Opep. El imperativo para el Gobierno y para los aspirantes a ocupar la Casa de Nariño no es otro que ir por todo el crudo para venderlo antes de que no cueste nada, una operación deliberada que atraerá inversión, generará ingresos y habrá dinero para desarrollar nuevos productos de exportación.

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