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EDITORIAL El salvaje oeste de las redes sociales
martes, 5 de septiembre de 2017

Las redes sociales tal y como hoy funcionan no tienen futuro si no existe un férreo control a las noticias falsas y los ataques anónimos

Editorial

Es un hecho que la fiebre de informarse a través de las redes sociales empieza a bajar, al tiempo que crecen las notas falsas, los bulos, los anónimos, las injurias, las calumnias y toda clase de atropellos en contra de empresas y personas, causando graves perjuicios a la reputación corporativa y a la vida de los individuos. Primero fue Facebook, la exitosa red social que puso filtro para evitar ahondar en el germen de su autodestrucción. Ahora es Twitter, empresa pionera del llamado microblogging, que ha actualizado sus términos de servicio para protegerse de las noticias falsas, esos noticias falsas que se disfrazan de información real en plataformas al alcance de todos a través de teléfonos celulares y computadores.

Twitter, que hoy agrupa a unos 330 millones de usuarios activos mensuales, obligará a cada uno de sus tuiteros a ser “responsable del uso de los servicios y de cualquier contenido que proporcione, incluyendo el cumplimiento con las leyes, reglas y normas aplicables (...) No ratificamos, apoyamos, reafirmamos ni garantizamos la veracidad, precisión o fiabilidad de ningún contenido o comunicación publicada por medio de los servicios [de Twitter], ni ratificamos ninguna opinión”. Para la empresa, los tuits en su plataforma van “son responsabilidad única de la persona que lo origina. Puede que no monitoricemos ni controlemos el contenido publicado por medio de los servicios [de Twitter], y no podemos hacernos responsables de dicho contenido (...) El usuario puede exponerse a contenido que puede resultar ofensivo, dañino, inexacto o inapropiado de cualquier otra forma, o en algunos casos, a publicaciones que puedan haber sido interpretadas erróneamente o que puedan ser engañosas (...) La plataforma se reserva el derecho a eliminar sin previo aviso contenido que integre violaciones de derechos de autor o de marcas comerciales, suplantación de identidad, conducta ilícita o acoso (...) al enviar, publicar o mostrar contenido a través [de Twitter], nos otorga una licencia mundial, no exclusiva, libre del pago de derechos (con derecho a sublicencia) para usar, copiar, reproducir, procesar, adaptar, modificar, publicar, transmitir, mostrar y distribuir dicho contenido en todos y cada uno de los medios de comunicación o métodos de distribución posibles (conocidos ahora o desarrollados con posterioridad)”.

El debate está servido, no solo en los medios de comunicación, sino en las instituciones de control y vigilancia que cada día reciben en mayor cantidad las denuncias sobre material anónimo dañino de la reputación empresarial. Quienes defienden la vigencia de la ley del salvaje oeste en las redes sociales, olvidan de tajo la evolución de los medios, además de reflexiones influyentes como la de Umberto Eco quien argumentó desde la academia que “el fenómeno de Twitter es por una parte positivo, pensemos en China o en Erdogan. Hay quien llega a sostener que Auschwitz no habría sido posible con internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero por otra parte da derecho de palabra a legiones de imbéciles (...) Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

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