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El peligroso nuevo ludismo antitecnológico
EDITORIAL

El peligroso nuevo ludismo antitecnológico

miércoles, 16 de septiembre de 2026

El peligroso nuevo ludismo antitecnológico

Foto: Gráfico LR

Ad portas de la tercera década del siglo XXI ha emergido una generación de luditas que se oponen a las nuevas tecnologías porque ven en ellas una suerte de apocalipsis

Editorial

Cuenta la historia que, en el lustro comprendido entre 1810 y 1815, un grupo de artesanos británicos se dio a la tarea de destruir las máquinas que sepultaban o condenaban al olvido a los trabajadores y manufactureros desplazados por la Primera Revolución Industrial. “Desde este punto de vista, el ludismo puede considerarse como una erupción violenta del sentimiento contra el capitalismo industrial desenfrenado, que rememora un código paternalista anticuado, y se ve legitimado por las tradiciones de la comunidad trabajadora”, escribe E. P. Thompson en su obra “La formación de la clase obrera en Inglaterra”.

El peligroso nuevo ludismo antitecnológico
Gráfico LR

Los luditas no eran terroristas ni odiaban los telares mecanizados por capricho; lo que buscaban era proteger sus comunidades y su forma de vida. Seguramente, la historia está plagada de luditas que siempre se han opuesto a las épocas de cambio y se aferran a sus usos y costumbres para mantener una zona de confort o conservar la única manera que conocen de hacer las cosas.

Los días que vive la actualidad mundial tienen un nuevo aroma a ludismo. Un grupo de intelectuales e incluso ingenieros de sistemas ya están advirtiendo sobre una suerte de apocalipsis que le sobrevendría al mundo si la inteligencia artificial sigue desarrollándose en el marco de una nueva guerra fría entre las grandes tecnológicas occidentales y el gobierno de China, el cual está promoviendo una carrera global en pos del control de la llamada IA.

Así como sucedió durante la Primera Revolución Industrial, donde muchos trabajos se volvieron obsoletos y otros fueron desplazados por las máquinas, la inteligencia artificial de esta generación temprana ya está provocando la caducidad de muchos oficios administrativos, mecánicos y enmarcados en las ciencias sociales y naturales; disciplinas que hoy están obligadas a asimilar la IA como una herramienta más que como una competencia.

Desde hace un par de años, quienes han adoptado los agentes que promueven la IA han podido comprobar que las tareas que antes tomaban días o semanas ahora se entregan en minutos. Aferrarse, como el líder ficticio de los luditas, Ned Ludd, a que todo tiempo pasado fue mejor es un craso error que puede retrasar un destino que ya está dibujado en todas las prospectivas tecnológicas de las grandes multinacionales. Las sociedades futuras tendrán que aprender a convivir entre seres humanos racionales -cargados de sentimientos y emociones- e individuos automatizados que procesan información a velocidades abismales; entidades que se confundirán no solo en los oficios que hoy tanto se protegen, sino en todos los espacios vitales antes monopolizados por las personas tal y como hoy las conocemos.

Hay batallas colectivas perdidas antes de declararse, y una de ellas es desconocer la avalancha que representa la inteligencia artificial en la sociedad. Cualquier prohibición o intención gubernamental de reglamentarla solo catapultará una adopción más rápida y destructora de lo que se quería encauzar. La IA no puede ser estigmatizada ni recibir el trato de una herramienta dañina por el hecho de que ya está en el mercado desarrollando un nuevo sector de la economía, tal como lo hizo la red de redes, internet.

Se está atravesando una época de cambio en las jornadas laborales, en las competencias profesionales y en la velocidad de la toma de decisiones; no hay más que mirar el top 100 de las empresas más exitosas e influyentes del mundo para advertir que su creciente desarrollo se sustenta en el sector tecnológico o en las industrias que se han montado en las autopistas digitales. Y lo peor es que en Colombia estos debates no existen, porque es una sociedad gregaria, no líder.

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