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EDITORIAL El motor llamado infraestructura
miércoles, 26 de noviembre de 2014
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Por cada US$1.000 millones de inversión en infraestructura se podrían crear entre 4.000 y 5.000 puestos de trabajo.

Durante Santos I a la infraestructura se le puso el nombre de locomotora, pero la velocidad que alcanzó dejó mucho que desear en cuatro años, ahora a 100 días de Santos II, este sector de la economía ya salió de la estación, pero está en manos de la Vicepresidencia, el Ministerio de Transporte y todas las entidades que tienen que ver con el tema, que la construcción de carreteras, autopistas, dobles calzadas, puertos y aeropuertos, alcance la velocidad de crucero que le permita ser un motor de la economía colombiana. Los desarrollos empresariales que se desprenden de las concesiones de cuarta generación le darán origen a más de una docena de grandes empresas que rápidamente se ubicarán entre las 20 más grandes del país, si las ordenamos por patrimonio. En pocas palabras, en los últimos 24 meses nacieron los grandes conglomerados corporativos del futuro colombiano y todos tendrán que ver con los negocios de la infraestructura.

Ayer realizamos en Barranquilla un Foro denominado ‘El desafío de la Infraestructura en el Caribe’ durante el cual se presentó un estudio contratado por la multinacional Impala - Trafigura sobre el estado del sector y se llegó a la conclusión que el mundo se está enfrentando a un déficit en inversión de infraestructura. Para superar el rezago -dice el estudio- los países deberían duplicar los gastos hasta llegar entre 6% y 8% del PIB anual. Sin embargo, uno de los problemas para asumir la inversión es que los gobiernos tienen las finanzas públicas bajo presión. Los privados tienen que enfrentarse a pagar tasas muy altas por los préstamos a la banca. Colombia, por ejemplo, invierte cerca de 1,5% del PIB anual y si quisiera superar el rezago debería invertir cerca de 3% PIB anual”.

Según el informe titulado “Fundamentos para el crecimiento: inversión en infraestructura en los mercados emergentes”, la mitad del déficit en infraestructura está en el sector eléctrico, el resto se divide entre transporte, agua y telecomunicaciones. “Si hay demanda en infraestructura habrá crecimiento económico y empleo a corto plazo, se facilitará el comercio, aumentará el nivel de vida, aumentará el acceso a los servicios, ayudará a aliviar la pobreza y la desigualad, y contribuirá a la ecoglobalización de la economía (...) La inversión en infraestructura puede ser catalizador para que los países en desarrollo superen la ‘trampa de la renta media’. Dice el coordinador de la investigación, Russel Jones, que “la inversión en infraestructura afecta la generación de empleo, por cada US$1.000 millones se podrían crear entre 4.000 y 5.000 puestos de trabajo”.

Ciertamente, un buen manejo de las empresas que se instalen en el negocio de la infraestructura no solo jugarán el papel protagónico en reducir el rezago competitivo, sino que en pocos años se convertirán en las joyas de la corona empresarial nacional.

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