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EDITORIAL

El manejo de las cesantías habla del país

viernes, 14 de febrero de 2014
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Los colombianos no ahorramos, no solo porque la plata no sobra, sino porque la cultura de previsión no existe.

Para los trabajadores formales colombianos, el de ayer fue un gran día. No solo porque era quincena, sino porque sus empleadores tuvieron que haber cancelado en su salario el monto concerniente a las cesantías de un año de labores. Muchas empresas ya lo habían hecho durante la última semana de enero y otras esperaron hasta el último plazo para cumplir con este requisito de nuestro régimen laboral, que habla bien de nuestro sistema de trabajos y remuneraciones oficiales. Las cesantías son unas de las prestaciones sociales que se les debe reconocer a los trabajadores colombianos por parte de los empleadores, personas naturales o jurídicas, con el fin de que estos puedan atender sus necesidades básicas durante una eventualidad de quedarse cesantes.

Es a todas luces un ahorro obligatorio al que tienen derecho todos los trabajadores, independientemente del empleador, las jornadas, el horario o la remuneración. En algunos sectores de la economía se vende esta prestación social más como un seguro de desempleo, que equivale a un mes de salario por año laborado. Pero por las condiciones de nuestra economía y la amplia franja de la población con muchas necesidades básicas insatisfechas, hace años se aceptó que estos recursos también puedan destinarse a financiar vivienda o la educación superior, y que no solamente fuera un dinero exclusivo para las épocas de desempleo.

Pero se ha vuelto casi una norma cultural que ese dinero se retire automáticamente una vez se consigna bajo muchas excusas legales. Se ha perdido la esencia de destinar ese dinero ahorrado para los momentos difíciles que puede acarrear el desempleo, y hoy por hoy, es destinado muchas veces a la compra de vehículos o bienes de consumo conspicuo, como pueden ser unas vacaciones. Colombia es un país sin cultura de ahorro, no solo porque los ingresos de la inmensa mayoría de los colombianos son escasos, sino porque las alternativas de ahorro son muy bajas. Miremos por ejemplo que si bien hay unos mínimos de rentabilidad de las cesantías, estas pierden valor en el tiempo o no rentan ni la inflación misma. 

Hay una tarea pendiente en materia de cesantías por parte de las autoridades económicas, y es reglamentar nuevamente y vigilar el uso adecuado de esta importante prestación social. La Corte podrá argumentar que el dinero ahorrado pertenece al trabajador, cosa que es cierta, pero también debe tener una consideración con el mismo trabajador en términos de su eventual pérdida de trabajo o cambio de este. El ahorro de un país es fundamental, y si el Estado no colabora en fortalecerlo, no se construirá un núcleo social sólido en materia financiera. El ahorro es uno de los pendientes colombianos.

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