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EDITORIAL

El joven de los $779.000 millones

jueves, 3 de agosto de 2017
La República Más

Neymar ha vuelto a inscribir su nombre en los negocios, su traspaso al PSG no solo es récord, sino que anima a jóvenes en todo el mundo

Editorial

Saber a ciencia cierta o con exactitud cuánto valen las transferencias de los futbolistas es casi imposible, pero las cifras que salen a la luz pública y que son perseguidas acuciosamente por las autoridades de impuestos transnacionales son dignas de admiración, eso si vemos la práctica del fútbol como una de las alternativas o vehículo efectivo que tienen millones de jóvenes en los países subdesarrollados para progresar y salir de la pobreza; ellos y sus familias. Se ha conocido que Neymar da Silva Santos Júnior, de sólo 25 años, ha decidido cambiar de equipo y pasarse del Barcelona al París Saint Germain, operación que pone sobre la mesa la cifra de US$262.282.000, unos $778.935.000.000 que deben pagarse para rescindir el contrato actual; una cifra que bien vale la pena analizarla y “hacerle matemática de periodista” para explicar o darnos cuenta del momento económico que vive el negocio del entretenimiento futbolero en todo el mundo.

La cifra de $779.000 millones es ligeramente mayor a lo que ganan los equipos colombianos en un año, monto que asciende a $587.036 millones; también supera más de dos veces lo que costó el colombiano más caro de la historia, James Rodríguez, quien fuera vendido por $280.000 millones. Esos US$262 millones representan las ventas anuales de empresas como Haceb ($767.905 millones); Unilever Andina Colombia ($742.795 millones) y Mansarovar Energy ($640.560 millones). Si la llevamos a la economía pública es el presupuesto anual de ciudades como Pereira ($673.000 millones); Pasto ($671.000 millones) y Manizales ($618.000 millones). En conclusión, es mucho dinero, que más allá de las críticas sobre los altos costos a los que está llegando el fútbol mundial, nos hace ver la operación por el lado amable de la economía social y darnos cuenta de que el fenómeno económico de Neymar, Messi o de nuestro James, es un camino cierto para millones de jóvenes que no tienen más caminos que meterse al deporte más masivo del mundo, que año tras año, se convierte en uno de los motores de la economía de varios países desarrollados, como España. LaLiga tuvo ingresos durante la temporada 2015-2016 por US$3.462 millones, de los cuales US$1.284 millones fueron por retransmisión de los partidos, hecho que convierte a los futbolistas en referentes globales para otros jóvenes.

En Colombia, la industria del deporte atraviesa por un gran momento favorecido por la llegada de grandes patrocinadores que han ayudado a la profesionalización del sector; situación a la que deben sumarse los buenos resultados deportivos de algunos clubes y la Selección Nacional; el protagonismo de casi un millar de jugadores colombianos que militan en diferentes equipos, y a la vigilancia que las instituciones de control tienen sobre el acontecer de este entretenimiento. La millonaria transacción de Neymar nos sirve no solo para aterrizar y comparar la cifra, sino también para animar a millones de jóvenes colombianos a que miren el fútbol como un camino de profesionalización. Para eso el sector privado, que rige el fútbol local, debe avanzar en el progreso empresarial de los clubes, en consolidar la segunda división y en el imperativo de desarrollar un tercer nivel más cercano al fútbol aficionado para que haya mayor movilidad, más competencia y aumentar las posibilidades de que nuevos jugadores se promocionen y quizá se conviertan en las nuevas estrellas del fútbol mundial.

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