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Los políticos olvidan que Colombia es un país rico en minerales y que hay explotaciones que mejoran el ambiente a través de buenas prácticas
Los resultados de la consulta minera en Cajamarca, Tolima, eran de esperarse y están constitucionalmente respaldados; es simple, la gente prefiere el agua que las minas, pues ese era el dilema que le planteaban a las comunidades de la zona. Es más, en cualquier lugar del mundo si se le pregunta a una persona qué quiere agua u oro, la respuesta será la misma. Es un gran triunfo de una verdad a medias que pone en jaque cientos de proyectos mineros a lo largo y ancho de un país como Colombia que fue, ha sido y es, esencialmente, minero. Y el ejercicio lo puede hacer poniendo sobre el ring de la opinión pública, al agua versus el oro, el carbón, el petróleo, el níquel, el cobre o el azufre, el resultado final siempre será el mismo: la gente prefiere el agua y todo lo que el precioso líquido encarga como la selva, los bosques de niebla, los páramos, etc. Es una clara manipulación poner a la gente a escoger entre el agua y cualquier productos mineral. Pero si el mismo ejercicio se hiciera con el agua versus el ganado, el arroz, el banano, las flores o el café, las cosas no serían tan claras. Eso sucede por el alto grado de estigmatización que sufre el sector minero y porque los proyectos de explotación de petróleo, carbón, oro, níquel u otro mineral no son ejemplos para mostrar en el mundo, siempre han estado ligados al mal manejo del agua, a la explotación sin responsabilidad de la flora y la fauna, y lo que es peor, a malos salarios, explotación laboral y todos esos males que son sinónimos de minas, minería, socavones, dinamita, mercurio, etc. Se nos olvida que el sector de explotación de minas y canteras decreció 6,5% entre enero y diciembre de 2016, poniendo en jaque a las miles de familias que derivan su sustento de esta actividad. Técnicamente el anterior comportamiento negativo obedeció a la disminución en el valor agregado de extracción de petróleo crudo y gas natural 11,1%, en tanto que aumentó el valor agregado de extracción de carbón 5,7%; extracción de minerales metálicos 4,3%; y extracción de minerales no metálicos 1,6%. Pero hay una actividad silenciosa y oscura para la opinión pública: la extracción de minerales metálicos aumentó la producción de oro 6%; platino y plata 4,5%; y níquel 3,3%, mientras que disminuyó la de hierro 26,7%. No obstante, las exportaciones del grupo de combustibles y productos de las industrias extractivas disminuyeron 21,7% al pasar de US$19.291 millones FOB en 2015 a US$15.106,8 millones FOB en 2016. Este comportamiento obedeció principalmente a la disminución de 28,5% en las ventas externas de petróleo. Las exportaciones de carbón cayeron cerca de 5%, las de oro subieron 13%, el ferroníquel cayó 29%. El problema no son las minas, el verdadero lío es el manejo inapropiado que se hace de estas explotaciones y la falta de vigilancia por parte de las autoridades. Colombia no es viable sin una adecuada explotación minera y poner las comunidades en contra de las grandes empresas que generan empleo e invierten es una irresponsabilidad vinculada al populismo.
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