martes, 25 de septiembre de 2012
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La frustrada reforma de Juan Carlos Echeverry garantiza una tributaria más exitosa en manos de Mauricio Cárdenas

Hay una metáfora muy triste por no calificarla de otra manera que se usa con frecuencia cuando tratamos de juzgar un hecho premeditado que va acompañado de una acción posterior con ánimo de lucro. Se trata del canario de la mina. Hasta hace pocas décadas, los mineros de todo el mundo llevaban a los socavones un canario que les advertía la presencia de metano o monóxido de carbono en esos ambientes hostiles bajo tierra. Es triste porque el canario moría irremediablemente en medio de agitados aleteos al percibir de primera mano la presencia de los letales gases tóxicos. Inmediatamente los mineros veían morir al pájaro desesperado, salían corriendo del socavón para salvar sus vidas, todo gracias a esa desgraciada ave ornamental.

Muchos líderes políticos y empresariales tienen canarios propios que usan para determinar las posibilidades de una acción premeditada. Echan a rodar comentarios, rumores, confidenciales o simples chismes que tienen mucho de cierto, pero que no son oficiales para mirar el alcance de una futura acción. Quizá en la anterior legislatura hubo dos canarios que murieron en los debates, incluso unos antes de darse las discusiones en el Congreso. El primero fue sin lugar a dudas el ex ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, que sucumbió en medio del fracaso de la reforma a la justicia. El segundo canario fue el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, quien elaboró al lado del director de la Dian, Juan Ricardo Ortega, un ambicioso proyecto de  ley que consagraba una reforma tributaria con muchas aristas y alcances que serían polémicos.

Ese borrador de la reforma tributaria nunca llegó al Congreso, pero se conocieron extraoficialmente los alcances en la opinión pública y el rechazo fue de tal dimensión que borró del mapa al bien calificado ministro de Hacienda. Con esa experiencia sobre la mesa, llega ahora el proyecto tributario de Mauricio Cárdenas basado en los ‘gases tóxicos’ percibidos por Echeverry. No habrá impuestos a la canasta familiar, se protegerán algunos parafiscales así afecten los costos laborales, y lo que es más importante, se tocará en la carga tributaria el galón de gasolina. La nueva reforma está enfocada en la generación de empleo, en la formalización de muchos trabajos y en lograr que los tributos sean más equitativos, es decir que quienes ganen más pongan más impuestos en proporción a quienes tienen menores ingresos.

Así las cosas, de la reforma de Echeverry a la de Cárdenas hay muchas diferencias fundamentales que se verán reflejadas en la discusión en las comisiones económicas del Congreso. Como los mineros y sus canarios, altamente sensibles al ambiente, los políticos avezados no dan puntada sin dedal y veremos más impuestos a la vuelta de la esquina.

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