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EDITORIAL “Cójanlo, cojánlo, suéltenlo, suéltenlo”
martes, 20 de septiembre de 2016
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Es irracional criticar al Dane por el diseño de una encuesta a jóvenes mientras al tiempo se pide políticas para atajar problemas sexuales.

Si las tendencias de la opinión pública colombiana se pudieran llevar al psiquiatra, el diagnóstico más probable es que se sufre de un agudo trastorno de bipolaridad cuando de opinar se trata; una afección mental bastante popular por estos días que consiste en cambios marcados o extremos en el estado de ánimo; tenemos períodos tristes e irritables alternados con lapsos de felicidad. El episodio generado por la encuesta del Dane que busca conocer el comportamiento y la educación sexual entre los estudiantes menores de 13 años en los colegios, es una muestra muy ilustrativa de los estados de ánimo cambiantes entre los colombianos. Cualquier cosa por bien intencionada que parezca puede convertirse en un arma política sin razón.

Rectores de colegios y padres de familia reaccionaron al unísono al reparar en el contenido sexual del cuestionario del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, entidad encargada de acopiar, no solo las cifras y los números, sino las tendencias de los colombianos. Incluso se llegó a amenazar con una nueva marcha para paralizar a Bogotá sino se corregía el tono de las preguntas, de lejos una actitud temeraria, como se ha hecho costumbre en el país. Pero lo que está ocurriendo con el debate sobre las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación y ahora con la encuesta del Dane, habla de polarización que están tomando los debates educativos, científicos y académicos en todas las esferas sociales. Todo es susceptible de volverse polémico y deslegitimador de la esencia de las entidades publicas encargadas de diseñar políticas o de acopar datos estadísticos para diseñarlas. El síndrome nacional de exigir seguridad, vigilancia y hacer valer las instituciones se rompe cuando un grupo minúsculo, siempre al servicio de unos intereses, pide a acciones institucionales a su medida. Muestra de ello es el chascarrillo popular que grita cuando un ladrón callejero roba: “cójanlo, cójanlo, cejando”, y una vez las Policía hace su papel empieza a gritar: “suéltenlo, suéltenlo, suéltenlo”. 

El Dane debe investigar; debe conocer los detalles de la población; debe hacer su papel como Departamento de Estadística para que los ministerios e instituciones oficiales puedan diseñar las políticas públicas pertinentes que enfrenten los problemas que aquejan al país, tales como los abusos sexuales a menores de edad, el avance de la pornografía por las redes sociales, el embarazo adolescente y todas esas preocupaciones de las familias para con sus hijos. Abundan las críticas al Estado por no tener cifras, no contar con estudios reales sobre problemas a contener, y justo cuando se empieza a hacer el trabajo de campo se arman polémicas que ponen entre la espada y la pared a los funcionarios públicos que simplemente están haciendo su tarea. El país debe empezar a sanar su intolerancia crónica.

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