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ANALISTAS La triste realidad
viernes, 9 de enero de 2015
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El año que se inicia viene cargado de preocupaciones. La reforma tributaria que aprobaron las plenarias de Cámara y Senado, liderada por el gobierno nacional va a desincentivar la inversión y por ende, va a frenar la generación de empleo.

Empresas que tenían pensado invertir en nuestro país, lo harán en otros, ya algunas petroleras anunciaron que invertirán en México. Los problemas de falta de seguridad en el orden público; de estabilidad jurídica,  en 5 años de este gobierno llevamos 3 reformas tributarias; y de falta de estímulo al sector empresarial, tendrán el efecto de desincentivar la inversión.

Durante el debate y la aprobación de la reforma tributaria, no hubo gremio alguno, incluyendo la Andi, tan afecta al gobierno que, no advirtiera sobre las consecuencias lesivas que, para la economía del país traerá la reforma tributaria.  El impuesto de renta sumado al Cree y a su sobretasa llega a 44%, más los impuestos a la riqueza, el del IVA, el de 4x1000, el de Industria y comercio, el predial, y otros, constituyen una carga muy onerosa para invertir en Colombia.  Analistas económicos han expresado que la suma de los impuestos alcanza hasta un 65% de las utilidades. Las circunstancias de tener un peso devaluado debiera haber llamado al gobierno y al congreso a estimular las exportaciones, pero con la reforma tributaria se hizo lo contrario.

La inseguridad en materia de orden público, está haciendo estragos en la inversión.  La producción del sector agropecuario está decreciendo pues los campesinos y empresarios sienten temor ante las amenazas y extorsiones de los subversivos.

Existen regiones en departamentos como el Putumayo, Cauca, Norte de Santander, Arauca, Caquetá y otros en los que se ha perdido el control de la fuerza pública.  El anuncio del desescalamiento del conflicto por parte del gobierno, confunde a las fuerzas militares que son consientes de que vamos hacia un cese al fuego bilateral y ofrece argumentos a una parte de la opinión proclive a la absolución de crímenes de lesa humanidad.

El nivel de violencia en las ciudades, como lo registran las estadísticas crecientes de homicidios en Bogotá durante 2014 y, la impunidad reinante generan un ambiente propicio para la comisión de toda clase de delitos, entre los que sobresalen además del homicidio, el hurto, la extorsión y las actividades ilícitas derivadas del micro tráfico que, se puede disparar si se legaliza el uso terapéutico de la marihuana incontrolable para un estado impotente abrumado por la corrupción.

El paro judicial no tiene antecedentes en Colombia, es una vergüenza institucional que denota desgreño administrativo, ausencia de responsabilidad en la planeación y falta de autoridad. Lo que viene sucediendo con la multiplicación del chicunguña, que contagia cada día a cientos de colombianos, ante la falta de una respuesta contundente por parte del Ministerio de Salud, demuestra la fragilidad de las instituciones que tienen el deber de velar por la salud de los colombianos.

El panorama económico es igualmente preocupante, el estancamiento en la producción de petróleo, producto de la violencia y la extorsión, la disminución sustancial de la inversión extranjera directa, han contribuido a la devaluación del peso, en un país donde el 70% de las exportaciones derivan de un solo producto, el petróleo.  Los efectos ya se sienten, la inflación del 2014 casi que doblo  la del 2013, y este año será mayor el costo de los alimentos y de los bienes importados.

Frente a este panorama sombrío el gobierno no puede seguir mintiendo sobre la cruda realidad a la que ha contribuido con muchas de sus políticas fallidas.