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ANALISTAS El desarrollo social es imposible sin el económico
martes, 30 de abril de 2013
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Muchos populistas confunden la causa y el efecto y pregonan el desarrollo social sin considerar que este es un imposible sin una estructurada política de desarrollo económico. En Colombia “casi gana” la Presidencia de la Republica el exdictador Rojas Pinilla pregonando cuanto menos valía la yuca en su anterior dictadura. 

 
Como bien lo afirmó el columnista Eduardo Verano de la Rosa en su columna de este mismo diario  refiriéndose a las afirmaciones de Roberto Mangabeira, intelectual brasilero y profesor de Harvard que analiza el desarrollo económico y social en América Latina, “la intelectualidad suramericana debe unirse y construir una teoría económica que mejore el sistema existente. Una especie de rebeldía intelectual. El verdadero potencial de cambio debe dar un vuelco hacia una política democrática económica: un modelo de política democrática real y no simplemente que se anteponga la partícula ‘social’ como una especie de endulzamiento del modelo económico para hacerlo parecer como que va a impactar a las clases menos favorecidas y realmente no lleva ese enfoque”.
 
Muchas de las política económicas latinoamericanas han caído en esta confusión y los  resultados están a la vista en Venezuela, Cuba, Nicaragua, entre otros países, donde sus economías han sido destrozadas. Colombia afortunadamente no ha caída en tan desastrosa  confusión, pero tiene sus lunares negros como se puede apreciar en la alcaldía de Bogotá y en  la actividad agrícola. 
 
Bogotá es un caos en la movilidad, construcción y servicios públicos y la actividad cafetera, anterior soporte de la agricultura rural, se desplomó en 50%. Las anteriores circunstancias causan respectivamente un serio deterioro al desarrollo económico tanto en la capital como en el sector rural, este último que requiere urgentemente de estabilidad social y económica para evitar ser “caldo de cultivo” para la delincuencia narco-guerrillera que azota sus regiones.
 
Colombia no tiene una política estructurada para el sector agrícola-rural. Todas las políticas se circunscriben a una “acción social” de devolución o asignación de tierras sin ninguna apoyo, ni para estos ni para los demás campesinos, que incluya, educación agrícola, infraestructura vial, tecnología, financiación a largo plazo con intereses bajos, asesoría en productividad y fertilización, mucho menos  seguridad. 
 
El país debe de tomar conciencia de que sin desarrollo rural se retrasa el de las ciudades y el bienestar social general del país. Este desarrollo económico en el sector rural siempre ha estado apoyado en una altísima proporción en la actividad cafetera. El deterioro de la actividad no tiene otra causa que las ineficaces e ineficientes políticas populistas de una institucionalidad que no ha sido “incluyente” sino por el contrario “extractiva” al haber retenido bajo el sofisma de una “causa social” los justos ingresos de los campesinos caficultores. El último gran error de los programas de la Federación fue un intento de reconstruir 300.000 hectáreas abandonadas con una inversión de un billón ochocientos mil pesos, subsidiada en parte, sin tener en cuenta la imposibilidad de pago de los caficultores en una actividad no rentable. El tiempo lo demostrará.
 
Los gobiernos o instituciones populistas solo traen deterioro del desarrollo económico de los países, ciudades o actividades donde gobiernan y consecuentemente falta de bienestar social. Esta situación sumada a la falta de consolidación de partidos políticos bien definidos y estructurados es la llave de la puerta de entrada a nefastos gobiernos populistas.