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Cirugía plástica
La medicina estética crece con fuerza en Colombia y el mundo, impulsada por la demanda de procedimientos no invasivos y un cambio en las preferencias de los pacientes hacia resultados más naturales
La medicina estética atraviesa un momento de expansión y transformación en América Latina, impulsada por los avances tecnológicos, el auge de los procedimientos no invasivos y una mayor aceptación social del cuidado personal. Este crecimiento ha posicionado al sector como uno de los más dinámicos dentro de la industria de la salud y el bienestar, con una proyección global que supera los US$100 mil millones y que podría alcanzar cerca de US$239 mil millones hacia 2033, según el informe de Grand View Research.
En Colombia, esta tendencia también se refleja con fuerza. Durante 2025 se realizaron alrededor de 540.000 procedimientos estéticos, consolidando al país como uno de los mercados más activos de la región. Este crecimiento no solo responde a una mayor demanda, sino también a un cambio en las preferencias de los pacientes, quienes ahora buscan resultados más naturales, personalizados y con tiempos de recuperación mínimos.
De acuerdo con el estudio internacional Next de Galderma, el sector vive una transformación en la forma en que las personas se acercan a los tratamientos. Hoy predominan enfoques que priorizan la prevención y el bienestar integral de la piel, dejando atrás las intervenciones visibles o invasivas. Conceptos como el “prejuvenation”, intervenir antes de que aparezcan los signos de envejecimiento, y el “Mindful Aesthetics”, centrado en mejorar la textura, hidratación y luminosidad de la piel, marcan la pauta de lo que será tendencia en 2026.
Especialistas coinciden en que el futuro de la estética apunta hacia resultados sutiles y prácticamente imperceptibles. El dermatólogo Boris Sánchez señala que el sector está entrando en una etapa de “estética silenciosa”, donde la prioridad es lograr efectos naturales mediante técnicas de regeneración biológica, alejándose de los cambios drásticos que dominaron en el pasado.
En esta misma línea, la dermatóloga María Claudia Rodríguez destaca que el enfoque actual ha cambiado radicalmente: el objetivo ya no es transformar los rasgos del rostro, sino mejorar la calidad de la piel. Este concepto, conocido como “Skin Quality”, se ha convertido en el nuevo estándar, priorizando una piel con mejor textura, elasticidad y luminosidad.
Para alcanzar estos resultados, los especialistas recurren a tecnologías de bioestimulación que actúan desde las capas profundas de la piel. Tratamientos como Sculptra o Restylane permiten estimular la producción natural de colágeno, promoviendo la regeneración de los tejidos sin alterar la expresión natural del rostro. Este enfoque marca el paso de un modelo basado en “rellenar” hacia uno centrado en regenerar.
El perfil de los pacientes también ha evolucionado. Cada vez más jóvenes, entre los 20 y 30 años, optan por tratamientos preventivos enfocados en el cuidado de la piel. Entre los 30 y 45 años se concentra el grupo más activo, combinando procedimientos preventivos y correctivos. Además, el interés masculino ha crecido significativamente, representando cerca del 15 % de los tratamientos no invasivos, mientras que los mayores de 45 años buscan alternativas que les permitan rejuvenecer sin perder naturalidad.
Más allá de lo estético, la tendencia apunta hacia la longevidad cutánea. La medicina estética se integra cada vez más con la dermatología regenerativa y la prevención, con el objetivo de mantener la salud y vitalidad de la piel a largo plazo. En este nuevo paradigma, el enfoque no está en cambiar el rostro, sino en optimizar sus condiciones para retrasar el envejecimiento de forma progresiva y sostenible.
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Mientras tanto, en la Sudamericana 2026 el campeón también verá un incremento histórico, al pasar a embolsarse US$10 millones.