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A bordo viajarán cuatro astronautas que quedarán inscritos en la historia: Victor Glover, Reid Wiseman, Christina Koch y Jeremy Hansen
La exploración espacial entra en una nueva era. Este miércoles, la Nasa intentará concretar uno de los hitos más ambiciosos de las últimas décadas: el lanzamiento de Artemis II, la misión que llevará nuevamente a seres humanos a las inmediaciones de la Luna tras más de medio siglo desde el último vuelo del programa Apolo.
A bordo viajarán cuatro astronautas que quedarán inscritos en la historia: Victor Glover, Reid Wiseman, Christina Koch y Jeremy Hansen. Ellos protagonizarán un viaje de aproximadamente 10 días que los llevará a sobrevolar la Luna sin aterrizar, pero alcanzando distancias que ningún ser humano ha recorrido desde 1972. La misión, además, marcará varios hitos: Glover será el primer astronauta afrodescendiente en viajar a la órbita lunar, Koch la primera mujer en hacerlo, y Hansen el primer canadiense en participar en una misión de este tipo.
El despegue está previsto para las 18:24 hora local de Florida, desde el Centro Espacial Kennedy. Como es habitual en este tipo de operaciones, existe una ventana de lanzamiento de dos horas condicionada por el clima y otros factores técnicos.

La jornada del lanzamiento está cuidadosamente coreografiada. Desde primeras horas del día se inició la carga de combustible criogénico, hidrógeno y oxígeno líquido, , un proceso delicado que permite detectar posibles fugas o anomalías. Posteriormente, los astronautas completarán sus últimos preparativos en la Tierra antes de abordar la cápsula Orion, ubicada en la cima del imponente cohete SLS, una estructura de 98 metros de altura diseñada para misiones de espacio profundo.
Minutos antes del despegue, la cuenta regresiva se detendrá para una última verificación de sistemas, uno de los momentos más críticos de toda la operación. Si todo marcha según lo previsto, los motores se encenderán y, en cuestión de segundos, el cohete comenzará su ascenso. Apenas ocho minutos después, la nave habrá alcanzado la órbita terrestre, liberándose de la gravedad del planeta e iniciando una travesía que cambiará el rumbo de la exploración espacial contemporánea.
A diferencia de las misiones Apolo, Artemis II no contempla un alunizaje. En su lugar, la nave realizará un sobrevuelo alrededor de la Luna a más de 7.400 kilómetros de distancia, permitiendo a la tripulación observar durante horas la cara oculta del satélite. Este trayecto no solo tiene valor simbólico, sino que servirá como prueba clave para validar los sistemas de la nave en condiciones reales de espacio profundo, de cara a futuras misiones que sí buscarán aterrizar.

“Tenemos la oportunidad de responder la pregunta que podría definir nuestra existencia: si estamos solos”, afirmó Christina Koch en una rueda de prensa previa al lanzamiento. “La Luna es una especie de cápsula del tiempo del sistema solar; entenderla nos acerca a comprender nuestro origen y nuestro lugar en el universo”.
El programa Artemis, del cual esta misión es una pieza fundamental, tiene objetivos que van mucho más allá de este vuelo. La Nasa busca establecer una presencia humana sostenida en la Luna mediante la construcción de una base que permita realizar investigaciones científicas y, eventualmente, servir como plataforma para misiones hacia Marte. En este sentido, el satélite natural de la Tierra se convierte en un “campo de pruebas” para la exploración interplanetaria.
Sin embargo, el ambicioso programa también ha generado debate. Desde su inicio, ha implicado una inversión cercana a los US$93.000 millones, con un costo estimado de hasta US$4.000 millones por lanzamiento. Empresas como Boeing, encargada de la etapa central del cohete, y Lockheed Martin, responsable de la cápsula Orion, han sido clave en su desarrollo, aunque también han estado bajo escrutinio por retrasos y sobrecostos.
Además del componente científico, Artemis está profundamente atravesado por factores geopolíticos. El impulso inicial del programa fue reforzado durante la administración de Donald Trump, en un contexto de creciente competencia con China por el liderazgo en el espacio. El regreso a la Luna no solo busca generar conocimiento, sino también consolidar una posición estratégica en lo que muchos consideran la nueva carrera espacial del siglo XXI.
Expertos en política espacial coinciden en que el objetivo de Artemis es más difuso que el del programa Apolo, que tenía como meta clara ganar la carrera contra la Unión Soviética. Hoy, las motivaciones incluyen desde la exploración científica hasta la posibilidad de desarrollar una economía lunar basada en recursos como el hielo o minerales, así como demostrar capacidades tecnológicas avanzadas.
Aun así, el lanzamiento no está garantizado. Cualquier anomalía técnica o cambio en las condiciones meteorológicas podría obligar a aplazar la misión. La Nasa cuenta con varias fechas alternativas hasta el 7 de abril, aunque los expertos advierten que un retraso podría complicar las condiciones debido a un clima más inestable en los días posteriores.
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