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Estos son los siete factores que marcarán la evolución del petróleo durante este año

jueves, 5 de enero de 2023

Perforaciones de crudo

El mercado del crudo ha arrancado 2023 con esos mismos altibajos. Tras despedir el año pasado al filo de los US$86 por barril

Expansión - Madrid

El petróleo vivió en 2022 un año extraordinariamente convulso en el que los precios se llegaron a disparar hasta los 139 dólares tras la invasión rusa de Ucrania para, posteriormente, reducirse hasta el entorno de los 80-90 dólares por barril en la recta final del año, aunque los precios llegaron a bajar puntualmente hasta los 76 dólares en la primera decena de diciembre.

El mercado del crudo ha arrancado 2023 con esos mismos altibajos. Tras despedir el año pasado al filo de los US$86 por barril, el precio del Brent, petróleo de referencia en Europa, se hundió ayer 5%, hasta el entorno de los US$78, rubricando a la baja las dos primeras jornadas de cotización del nuevo año, en las que ya acumula una caída próxima a 9%. Respecto a los máximos alcanzados tras el estallido de la guerra, el descenso rebasa el 40%, devolviendo la cotización del petróleo a las cifras previas al inicio del conflicto.

Sin embargo, hay muchas cosas que han tenido que cambiar en medio de este proceso para que se haya producido ese retorno a la casilla de salida de los precios, incluyendo una ralentización de la economía mundial, la paralización de la demanda china, el recorte de la producción por parte de los grandes exportadores, o el tope a los precios del petróleo ruso.

Y todos estos factores, y algunos más, van a jugar un papel determinante en los precios del crudo el próximo año. Unos precios que, además, serán cruciales para los dos grandes retos económicos de los países desarrollados: enderezar la inflación y reconducir el crecimiento de la actividad.

El frenazo de la economía mundial

La economía de buena parte de los países desarrollados se frenó hasta el estancamiento en el tercer trimestre del año pasado y probablemente sufrirá una pequeña recesión invernal hasta marzo, debido a la probable carestía del gas en los próximos meses, conforme las mayores necesidades derivadas del frío agraven la disminución del gas almacenado.

La escalada inflacionaria ha golpeado tanto el consumo interno como la producción industrial y las exportaciones, ya que el principal elemento al alza son los costes de la energía y otros bienes intermedios para las empresas, lo que probablemente va a seguir laminando la demanda de combustible. Y también la subida de los tipos de interés jugará en contra. Sin embargo, un crecimiento vigoroso podría pillar con el pie cambiado a los productores, relanzando los precios del crudo.

Reapertura de la economía china

En cambio, donde se puede esperar un fuerte aumento de la demanda es en China, tras el final de la política de Covid cero y la progresiva reapertura de su economía. No obstante, este proceso está sujeto a numerosas incertidumbres, ya que la renta de los ciudadanos chinos se ha resentido tras tres años de confinamientos y los contagios se han disparado en las últimas fechas debido a la falta de exposición al virus y de vacunas, lo que está provocando un fuerte aumento de casos en el arranque del año.

Eso debilita el empujón económico de la reapertura, lo que podría forzar a Pekín a nuevas restricciones. Y esta evolución es crucial para los precios del crudo, porque China supone cerca del 15% de la demanda mundial de petróleo y puede ser un revulsivo para el comercio global.

Los recortes de producción de los grandes exportadores

Algo que sorprendió al mercado en los últimos meses del año pasado fue que la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus socios (la Opep+, en la que sobresale Rusia) recortaran sus cuotas en dos millones de barriles diarios, a pesar de que la caída de los precios no se debía tanto a un exceso de oferta como a un desplome de la demanda.

Y esto es muy problemático, ya que una mayor subida de los precios puede agravar el lastre para el crecimiento económico, lo que a su vez reduce el consumo de crudo y la cotización del petróleo. Hay dos elementos que hacen que el recorte de producción parezca la opción más viable: las dificultades de terceros países para elevar su producción y la necesidad de apuntalar el pacto con Rusia, pero está por ver si esta situación se mantendrá este año.

Posible recuperación de la oferta en terceros países

El elemento clave para que la Opep vuelva a abrir el grifo del petróleo radica en la posibilidad de que su cuota de mercado se vea amenazada por terceros países como Estados Unidos, México, Canadá o los países del sudeste asiático.

El gran problema de 2022 es que la oferta no reaccionó con fuerza a las subidas de precios debido a la falta de inversiones en los últimos años, pero eso podría cambiar si el mercado percibe que los precios del crudo se van a mantener elevados durante un tiempo. A pesar de todo, hay dos elementos que pueden retraer estas inversiones.

Por un lado, las subidas de los tipos de interés encarecen la financiación de las inversiones, especialmente en el caso de muchas prospecciones que tardan varios años en desarrollarse, lo que requiere precios más elevados para rentabilizarlas. Por otro, la penalización a las inversiones contaminantes frente a las energías verdes por parte de las entidades financieras, lo que reduce la posibilidad de introducir nuevas fuentes de suministro.

Funcionamiento del tope a los precios del crudo ruso

La gran novedad desde primeros de diciembre pasado es la introducción por parte de los países occidentales de un tope a los precios de importación del petróleo ruso, una herramienta que probablemente servirá más para limitar (un poco) los ingresos de Moscú que para abaratar las importaciones por parte de los países occidentales. El tope a los precios del crudo consiste en un límite de 60 dólares por barril que se irá reduciendo si cae la cotización internacional para la importación e intermediación de petróleo ruso, una cifra que no debería desincentivar sus ventas.

Aunque las compras de estos países al gigante euroasiático son marginales, no lo es así su participación en el mercado mundial, ya que las principales compañías navieras y de seguros del mundo tienen su sede en los países del G7.

Pese a su impacto inicial, el tope tendrá un efecto muy limitado a la baja, ya que el petróleo ruso cotiza con mucho descuento en los mercado internacionales, pero sí podría servir como ancla que impida subidas de precios muy por encima de los US$90 si éstas se deben a disrupciones de los flujos de exportación rusos y no a una alteración general del mercado.

La repercusión del gas en el mercado petrolero

Otra novedad de la situación actual es el trasvase entre el mercado del gas y el del petróleo, ya que ambos combustibles pueden utilizarse para la producción eléctrica en determinadas centrales. Si bien habitualmente el combustible preferido es el gas, si su precio se dispara o hay una cierta escasez, el crudo podría empezar a resultar rentable para la generación eléctrica, lo que podría elevar su demanda.

Aqunque por el momento, con los inventarios del gas por encima del 80% de su capacidad y sus precios en niveles que no se veían desde antes de la guerra, no se puede descartar que la situación cambie en los próximos meses conforme el invierno haga mella en estas reservas y la recuperación de la demanda china dificulte el abastecimiento en Europa.

Las medidas para hacer frente a la crisis inflacionaria

Por último, hay un elemento que puede jugar en la cotización del crudo un papel tanto a al alza como a la baja: las medidas para combatir la crisis inflacionaria. Muchas de las medidas impulsadas por los países occidentales se han orientado a paliar los efectos de las subidas de precios en el surtidor, lo que a su vez impulsa la demanda de combustible, generando un efecto contraproducente en el largo plazo.

Pero cada vez hay más países que empiezan a poner coto a este tipo de medidas debido a que se prevé que la situación sea duradera, lo que aconseja un ajuste del déficit para evitar problemas para la sostenibilidad de la deuda en los próximos años.

Además, los precios de la gasolina y el gasóleo han vivido un cierto descenso en las últimas semanas y ya se empiezan a aproximar a las cifras previas a la guerra. Sin embargo, tampoco se puede descartar un nuevo incremento de las medidas para abaratar artificialmente los precios de los carburantes si aumentan las tensiones sociales.

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