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TECNOLOGÍA

Elon Musk y Apple se unen al frenesí de los proyectos de satélite para móviles

sábado, 10 de septiembre de 2022
RIPE:
EXPANSIÓN

esta semana, Apple anunció su nuevo iPhone 14, que entre sus pocas novedades incluye la posibilidad de usar conexión satelital

Expansión - Madrid

Hace dos semanas, Elon Musk, el hombre más rico del mundo, primer ejecutivo de Tesla y de SpaceX (lanzadores espaciales) y Starlink (comunicaciones satelitales), anunció, junto con el CEO de T-Mobile (uno de los tres grandes operadores móviles de EE.UU.) la futura llegada de comunicaciones directas desde los smartphones convencionales a los satélites, lo que supondría la panacea de poder contar con comunicaciones ubicuas, sin importar en donde nos encontremos, ya sea en medio del mar, la selva o el desierto.

Y esta semana, Apple anunció su nuevo iPhone 14, que entre sus pocas novedades incluye la posibilidad de usar conexión satelital (los satélites de Globalstar) para mensajes de emergencia en zonas sin cobertura convencional.

La posibilidad de estar comunicado en cualquier ubicación del globo es una vieja aspiración de las telecomunicaciones y la conjunción de los extremadamente extendidos teléfonos móviles (a finales de 2021 había 5.300 millones de líneas móviles activas) con los nuevos satélites parece poner ese sueño al alcance de la mano.

Pero ahora no se trata de soluciones ya existentes tipo Thuraya o Iridium, con pesados teléfonos móviles de enormes antenas. Se trata de soluciones que permitan usar directamente la amplia base de usuarios de los smartphones convencionales.

La industria satelital se ha embarcado en un frenesí de proyectos relacionados con ese concepto por el que están apostando casi una decena de empresas como Starlink, GlobalStar, Bullit, AST SpaceMobile, Link, Echostar, Omnispace o la propia Iridium.

Pero los desafíos de todo tipo aún son formidables. Para empezar, el concepto tecnológico supone lograr una proeza. Los móviles están fabricados para conectarse a antenas terrestres en azoteas o torres, situadas a algunos (pocos) kilómetros de distancia como máximo. Lograr una conexión directa por satélite equivale a tomar una de estas antenas terrestres y instalarla en un satélite LEO (low earth orbit, órbita terrestre baja) típicamente situado en una órbita alrededor de la tierra a unos 500 kilómetros de altura (como de Madrid a Almería) que además se desplaza a miles de kilómetros por hora. Pero como están tan lejos, para lograr que esos satélites puedan conectar directamente a los móviles hacen falta unas antenas enormes comparadas con las de los satélites actuales que usa Starlink para dar Internet satelital.

AST SpaceMobile, uno de los proyectos, ha desarrollado un prototipo con una antena de casi 70 metros cuadrados. Y el proyecto de Starlink de Elon Musk, con sus satélites de segunda generación, aunque más modestos, tienen antenas de unos 25 metros cuadrados, cinco veces más grandes que los Starlink actuales.

De hecho, Musk ha explicado que, para poder lanzar estos enormes satélites con la cadencia y los costes que hagan rentable el servicio, necesita disponer de su nuevo y potente cohete Starship, que es tres veces más poderoso que los cohetes Falcon 9 que está usando ahora para poner en órbita los casi 3.000 satélites que componen su constelación. Pero el proyecto Starship ya acumula mucho retraso y no se espera que esté en servicio antes de finales de 2023.

Y los lanzadores son un cuello de botella, sobre todo ahora que ya no se puede acudir a los lanzadores rusos, ya que muchos de los proyectos en marcha preven usar los cohetes de SpaceX, que, de esta forma, podría ser juez y parte a la hora de colocar en órbita constelaciones que compitieran con la propia Starlink.

En todo caso, no es razonable pensar en disponer de una conectividad ubicua de la capacidad que ofrecen las redes móviles basadas en antenas terrestres. Se trataría, por el contrario, de un servicio muy básico, con unos pocos kilobits, funcionando a base de mensajes SMS o que permita la transmisión, como mucho, de correo electrónico. De hecho, Musk habló de ofrecer entre 2 y 4 Mbps por cada sector (cada uno de sus sectores abarca unos 40 kilómetros cuadrados) lo que supone muy poca capacidad para cada usuario. Pero eso, qué duda cabe, en determinadas circunstancias puede suponer la diferencia entre vivir o morir.

Pero también hay problemas regulatorios. El proyecto de Musk y T-Mobile aún no está autorizado por la FCC, el regulador de las telecos estadounidense, y esa autorización es obligatoria porque pretende usar frecuencias de la banda PCS (2000 MHz) de las que usa T-Mobile.

De hecho, en general, la UIT, el organismo internacional de armonización del espectro, tiene atribuidas ese tipo de frecuencias a los servicios móviles, pero no a los satelitales, por lo que necesitaría un largo proceso de autorizaciones. Y eso que el mercado estadounidense es homogéneo. Pero ese mismo proceso en Europa, con 27 Estados, podría ser mucho más tortuoso, ya que tendrían que adaptarse las regulaciones de cada país, porque si no, el servicio que estuviera autorizado en un mercado como España sería ilegal -y podría generar interferencias- conforme el satélite orbitase encima de Francia o Suecia.

Por último, está el modelo de negocio. Grupos como Link o AST -que está participada por telecos como Vodafone, Orange y Rakuten- han asegurado que su estrategia está ligada a la de las telecos, con un modelo de compartición de ingresos. En eso coincide, por ahora, con Elon Musk, ya que su alianza con T-Mobile -que ofrecerá el servicio gratis para sus tarifas más caras y como un coste adicional para el resto- parece indicar que pretende usar a las telecos como canal comercial.

Pero Apple parece haber optado por un modelo que hace un bypass a las operadoras móviles, puesto que ofrece su servicio directo al usuario sin que intervenga ninguna teleco, en una estrategia que está por ver cómo es recibida por el conjunto de las operadoras. Y, por encima de todo, planea la duda fundacional de si la ventaja que ofrecerán estos servicios -que sólo sería apreciada realmente por el mercado masivo si se encuentra en una situación de emergencia- es suficientemente significativa como para convertirse en un negocio rentable.

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