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El nuevo mapa de la migración ahora implica salir de países ricos
En Nueva Zelanda, cerca de 40% de quienes se van termina regresando con experiencia y contactos. No todos vuelven, pero los vínculos se mantienen
Un análisis de The Economist puso cifras a una tendencia que venía creciendo sin mucho ruido. La revista estimó que cerca de 4 millones de personas salieron de 31 países desarrollados en 2024. Es un aumento de 20% frente a antes de la pandemia y se trata de personas que se van por periodos largos o de forma definitiva.
Los datos cambian según el país, pero la tendencia es clara. En Canadá, las salidas en 2025 fueron 34% más altas que seis años atrás. Nueva Zelanda registra un aumento de 29% frente a 2019, aunque entre sus propios ciudadanos el crecimiento llega a 74%. Suecia supera el 60% e Irlanda sube 29%. En Estados Unidos, las estimaciones hablan de 3 millones de personas que se fueron en 2025, frente a 2 millones en 2021.
También hay un movimiento entre países desarrollados. Desde 2019, 2 millones de personas nacidas en Occidente se han mudado a otro país similar. Estados Unidos concentra más del 40% de ese flujo. En paralelo, empresas de ese país tienen 36% más trabajadores en el exterior que antes de la pandemia.

Clara Inés Pardo, profesora de la Universidad del Rosario, explica que “esta dinámica no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores estructurales, coyunturales y tecnológicos, con tres elementos clave: efecto rebote pos-covid, cambios en el mercado laboral global y nuevos incentivos individuales (política, impuestos, estilo de vida)”.
Sobre lo que pasó después de la pandemia, señala que muchos procesos que estaban frenados se activaron al mismo tiempo. “Tras el covid, muchos movimientos migratorios que estaban ‘represados’ se ejecutaron de golpe”. Eso ayuda a entender el salto reciente. “En 2023, la migración a países desarrollados alcanzó niveles récord (6,5 millones)”. También menciona que la migración familiar creció cerca de 18% y la humanitaria 20%, aunque aclara que los niveles siguen por encima de 2019.
Otro punto tiene que ver con el trabajo. En varios países faltan personas para cubrir empleos, sobre todo en salud, tecnología y servicios. A eso se suma que hoy es más fácil moverse entre países por programas más flexibles, títulos que se reconocen y redes de migrantes ya existentes.
“El factor verdaderamente nuevo es el trabajo remoto internacional”, dijo. “Permite ‘desacoplar’ ingreso y residencia”. Eso hace que una persona pueda trabajar para una empresa en Estados Unidos o Europa sin vivir allá, lo que facilita tomar la decisión de irse.
También pesan los impuestos y la política. En algunos países, las cargas para los ingresos altos han subido y eso empuja a ciertos perfiles a buscar otras opciones. A la vez, el ambiente político y la percepción sobre cómo funcionan las instituciones influyen en la decisión.
Pardo advierte que el impacto es mayor cuando se van jóvenes preparados. “Cuando quienes emigran son jóvenes calificados, el impacto es mucho más profundo”. Habla de pérdida de talento, menor innovación y menos ingresos para los países. También menciona presión sobre los sistemas de pensiones y cambios en lo político, porque quienes se quedan y quienes se van no siempre piensan igual.
En Nueva Zelanda, cerca de 40% de quienes se van termina regresando con experiencia y contactos. No todos vuelven, pero los vínculos se mantienen.
Lo que se está viendo va más allá de un aumento puntual. Cada vez es más fácil irse y más países están compitiendo por atraer a quienes tienen más opciones. Eso cambia el juego y obliga a mirar no solo quién llega, sino quién decide irse, además de las iniciativas que ofrecen los distintos territorios.
Otro elemento que aparece es la dificultad que tienen los gobiernos para medir con precisión la emigración. Durante años, países como Reino Unido no contaban con controles de salida formales, lo que impedía saber con exactitud cuántas personas se iban. En EE.UU. las cifras todavía se construyen a partir de datos fiscales, encuestas y distintos métodos indirectos, lo que deja márgenes de error importantes. Esa falta de información clara ha hecho que la migración quede en un segundo plano, a diferencia de la inmigración que sí se mide con más detalle.
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