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Colombia lo hace bien: trabajo duro, cese al fuego y referendo

viernes, 1 de julio de 2016
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John Paul Rathbone

El proceso de paz de Colombia es una inusual buena noticia. Puede parecer apenas casi relevante en medio de la incertidumbre geopolítica y del mercado actual provocada por el Brexit, pero lo es.

Lo que es notable es qué tan similar es la política local del proceso de paz de Colombia a la del Brexit,  y también la diferencia del proceso y los resultados. Reconocer la violencia escabrosa de Colombia, y ambos mantienen espejos que revelan el uno al otro.

Ambas cuestiones, en esencia, se reducen a un acuerdo que rige cómo los diferentes pueblos deberían vivir juntos: en Colombia, después de 50 años de guerra interna y múltiples esfuerzos de paz fallidos; para Reino Unido, después de casi medio siglo de incómoda convivencia con Europa. 

Ambos están definiendo temas que dividen a los dos países en ‘pro’ y en ‘contra’, con todo el debate y la desinformación que puede traer al respecto. Ambos también implican acuerdos técnicamente complejos, que implican que deben entenderse meticulosamente. 

Dado esto,  ¿se deberían poner los temas en un referendo, sobre todo, porque la pregunta hecha a los votantes es esencialmente emocional?

Ni David Cameron, el saliente Primer Ministro del Reino Unido, ni Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, tuvieron que utilizar un referendo. Sin embargo, ambos decidieron hacerlo, a pesar de los riesgos que existían. 

Esto es lo que, en pocas palabras, suscitó un votante arrepentido del Brexit desde el puerto de Tilbury. “Me dejaba llevar por la retórica“, indicó Antony Kerin, de 38 años, al Washington Post después de la votación. “Pero si yo habría pensado en esto, habría votado permanecer. Sin duda no haría eso ahora”.

Aquí, sin embargo, la paz de Colombia invierte la mecánica de la votación del Brexit. Por error o por diseño, el Sr. Santos ha colocado sabiamente el plebiscito de Colombia al final del proceso, en lugar de al principio. 

Primero llegó la dura negociación.

 En vez de apenas dos meses de debate, al igual que con el Brexit, Colombia pasó cuatro años en duras conversaciones entre el Gobierno y las Farc, abarcando temas tan espinosos como el desarme, la reparación de las víctimas, la justicia transicional, la participación en política de los desmovilizados, la ejecución, el seguimiento y el cumplimiento.

Entonces llegó el alto el fuego, el avance acordado la semana pasada. Lo que sigue, probablemente a finales de agosto, es la firma del acuerdo; su inspección por parte de la Corte Constitucional; y la aprobación del Congreso. Solo al final del proceso, después de casi cinco años, vendrá el referendo, quizás en septiembre. 

Esta es la secuencia contraria al Brexit. Esto también minimiza el riesgo de los malos entendidos.

A pesar de ello, el “voto por la paz” en Colombia no es ganador seguro. Incluso, Santos  ha apostado su carrera en el proceso de paz, a lo que ha descrito como “tragar sapos”. Medio siglo de odio popular hacia las Farc ha hecho que muchos colombianos sean escépticos a que el proceso de paz realmente signifique  la “paz”.
 

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