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En la primera temporada de Protagonistas de la Economía hablamos con los empresarios, banqueros y líderes gremiales que han hecho noticia este año
Piedad Urdinola, directora del Dane, dijo que pese a que el desempleo se ha reducido de forma notoria, el grueso se crecimiento está en el segmento de los cuentapropistas
Cuando se necesita tener una estadística puntual, cuando se habla de datos, inmediatamente viene a la cabeza el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, entidad que lleva registro de las actividades económicas, así como del comportamiento social y demográfico.
A propósito del rol que cumplen para el desarrollo de la nación, su directora, Piedad Urdinola, explicó la relevancia que tiene cada una de las mediciones que realizan y cómo ha sido su evolución con el paso del tiempo.
Es muy sencillo. El Dane es una institución que lleva 72 años produciendo las estadísticas del país. Más importante aún, desde 2015 que el país entró a la Ocde, tiene el compromiso de seguir lineamientos, buenas prácticas y estándares internacionales. Esto lo solidifiqué en 2023 cuando aprobamos la Ley de Estadísticas, y allí, por orden y rango de ley, tenemos que hacerlo. Además de garantizar la independencia técnica de la institución, ha quedado estipulado que debemos producir los datos con los más altos estándares de calidad, siguiendo las últimas metodologías y tecnologías disponibles.
A todo lo anterior, sí. Tiene el presupuesto adecuado, las herramientas, y lo demostramos con este gran operativo que realizamos en 2024: el Censo Económico Nacional Urbano. Un censo que hace 34 años no se realizaba en el país, cuando deberíamos tener uno cada década. Yo recibí la institución con un rezago tecnológico de 20 años e hicimos todo un proyecto para actualizarla y producir el primer censo mixto o híbrido que se hace en el país.

Lo gastamos de maneras muy diferenciadas, principalmente por género. La división tradicional del trabajo persiste: las tareas domésticas no remuneradas las hacen mayormente las mujeres. Nosotros calculamos la Cuenta Satélite de la Economía del Cuidado. Le asignamos un valor (un salario de reemplazo) a ese trabajo. Si lo pagáramos a precios de mercado, equivaldría a casi el 20% del PIB de Colombia. También medimos los cambios de hábitos, como el traslado del tiempo libre de la televisión tradicional a las plataformas de streaming.
Es una batería de más de 15 preguntas siguiendo la última versión de los lineamientos de la OIT (2021). Ya no hablamos solo de "desempleo" o "empleo" (que asumen un contrato formal), sino de "ocupación" y "desocupación". Actualizamos la "población en edad de trabajar" excluyendo a los menores y fijándola en mayores de 15 años. Con ese algoritmo clasificamos si alguien es ocupado, desocupado o si está fuera de la fuerza de trabajo.
Ha decrecido. En octubre de 2021, la proporción de ocupados informales era de 58,9%, y en octubre de 2025 fue de 56,1%. Vemos un descenso paulatino, aunque muy lento, y sigue siendo una tasa alta. La mayor parte se concentra en la ruralidad (82,6%) frente a las ciudades y áreas metropolitanas (44,1%).
La tendencia es que la gente compare este dato únicamente con la generación de empleo formal. Pero debemos revisar la "tasa por posición ocupacional". El grueso del crecimiento laboral reciente se ha dado en los "trabajadores por cuenta propia" y en "obreros y empleados particulares".
Porque son trabajos que no son necesariamente formales y algunos pueden ser precarios. Si a una persona cuidando carros en la calle le preguntan si busca empleo y responde que no, no cuenta como desempleado; se centra en sus ingresos diarios. Es una discusión profunda sobre la formalización, que en Colombia implica obligatoriamente el acceso a pensiones, salud, riesgos profesionales y contabilidad empresarial.
Claro que sí. Estamos midiendo siguiendo los manuales del Fondo Monetario Internacional, de la Ocde, de la OIT y del Banco Mundial, que nos proporcionan el diseño del IPC (Índice de Precios al Consumidor). Es un tema de alfabetización estadística; nos falta muchísimo a los colombianos por aprender, ser más críticos y entender en qué consiste la estadística. Si leemos estos manuales, podemos comprender qué se está midiendo y cómo.

Combinamos dos tipos de información. La "Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares", que se hace una vez por década, detalla los ingresos y gastos de los hogares. De ahí se determina el "peso" de las categorías. Por ejemplo, los alimentos o el transporte tienen pesos diferentes porque no todo vale lo mismo. Luego, mes a mes, observamos las variaciones de los precios, que son recolectados por nuestros encuestadores en todas las fuentes.
Varía muchísimo dependiendo de lo que sucede en los distintos dominios geográficos. En un mes, una ciudad puede tener la mayor variación y otra puede estar en negativo. Mucha gente se sorprende cuando digo que hay variación negativa, pero los precios suben y bajan. ¿A qué se debe esto? A subclases que tienen variaciones muy fuertes. Por ejemplo, en un mes específico, las frutas frescas pueden tener una caída drástica en su precio; como pesan mucho dentro del índice, arrastran hacia abajo el promedio general de esa ciudad.
El Dane participa en las mesas de concertación con un rol estrictamente técnico. Llevamos la productividad; los economistas la han dividido en dos grandes categorías (capital y trabajo). Para hablar de pagos a los trabajadores, lo que importa es la productividad laboral. Desde 2021, el Dane asumió esta medición. La productividad total de los factores en 2024 terminó en 1,36%. Las productividades laborales son dos: por hora trabajada (2,44% en 2024) y por persona empleada (0,76% en 2024). Los que negocian verán cuál de estas opciones toman.
Según nuestras últimas proyecciones de población, somos 53.057.212 colombianos y colombianas. Hemos ajustado las proyecciones por los cambios recientes: la pandemia profundizó la caída de la natalidad y aceleró el envejecimiento, y a la vez tuvimos un pico de recepción de inmigrantes alrededor de 2016, principalmente desde Venezuela. Aquí utilizamos el concepto de "residencia habitual", es decir, los que residimos habitualmente en el país.
Sí. En 2015 teníamos 660.999 nacimientos. Casi 10 años después, en 2024, tuvimos 453.901. Es el mínimo histórico desde que hay cifras vitales. Ya estamos por debajo de la tasa de fecundidad de reemplazo (que es un poco por encima de dos hijos por mujer) desde hace muchos años. Ahora las tasas están muy bajitas, llegando a niveles que han visto países desarrollados con desplomes poblacionales, como Corea del Sur.

Colombia tiene una sobremortalidad masculina en hombres de entre 15 y 45 años. Ha existido desde hace mucho tiempo debido al conflicto interno, y persiste por un exceso de muertes por causas no naturales (suicidios, accidentes y homicidios). Esto se refleja en la esperanza de vida al nacer: para las mujeres es de 79,2 años, mientras que para los hombres es de 74,1 años. Vemos una brecha enorme de casi cinco años.
Claro. El envejecimiento, más que un problema, es un premio que nos han dado a las sociedades que hemos hecho inversiones juiciosas en educación, salud, seguridad social e infraestructura. Haber alcanzado estas esperanzas de vida es un logro de la humanidad. El reto ahora es que ese premio se distribuya equitativamente, logrando que todas las personas tengan una buena calidad de vida en esos años adicionales, sin estar enfermas o empobrecidas.
Se nota también. Hay un sesgo hacia lo negativo por falta de cultura estadística. Por ejemplo, el embarazo adolescente. La caída más impresionante la vimos entre 2019 y 2024: la tasa se redujo de 55,7 a 30,3. Son 20 puntos que logramos reducir; el embarazo adolescente ha caído de manera brutal y constante. Al medir la calidad de vida, el centro del país sigue teniendo las mejores condiciones, pero las costas (sobre todo el Caribe) han mejorado mucho en el último quinquenio.
Así es. En la Encuesta Nacional Agropecuaria y en la Encuesta de Uso del Tiempo, por primera vez se llegó a comunidades indígenas y territorios en la Amazonía y la Orinoquía.