sábado, 15 de septiembre de 2012
La República Más
  • Agregue a sus temas de interés

Saúl Pineda

En la fase actual de transición en que han ingresado la economía y la política mundial, existe cada vez un mayor acuerdo entre analistas de diversas tendencias, en el sentido de que el mundo de los próximos 50 años tendrá un comportamiento de carácter cada vez más multipolar, aunque no necesariamente más equilibrado.

La causa de esta realidad es el declive que hoy se expresa en el liderazgo de Estados Unidos y de la Unión Europea. Esta tendencia ocurre, además, en el contexto de una gran incertidumbre sobre la eficacia de los escenarios multilaterales para favorecer el avance hacia una gobernanza global que ofrezca certidumbre en temas clave como el comercio, el desarrollo sostenible y la seguridad de las naciones.

El surgimiento reciente de los llamados Bric (Brasil, Rusia, India y China) promete consolidar un sólido bloque de países que, fundamentado en su nuevo protagonismo económico, contribuirá de manera significativa a cimentar, sobre una base más diversa, las deliberaciones políticas en torno a un eventual nuevo orden mundial. Y, en todo caso, incidirá para que las expectativas de los 'países emergentes' adquieran mayor peso en las negociaciones del G-8 y el G-20, que hoy se han fortalecido como espacios de convergencia entre las naciones, frente al debilitamiento de los mecanismos formales de discernimiento multilateral.

En este contexto, América Latina podría adquirir una mayor relevancia en las corrientes globales de la política, el comercio y la inversión, dada la caracterización de varios de sus países como economías emergentes. En esta dirección, no deberían existir, a nuestro juicio, plataformas excluyentes de inserción internacional.

Es claro que en una transición global marcada por la incertidumbre, Colombia tiene un amplio margen para avanzar en acercamientos más decididos con los países emergentes de su propia región y, al mismo tiempo, con aquellos del Este asiático que se han convertido en el escenario de mayor dinamismo en la economía global.

Un reciente estudio del Consejo Colombiano de Relaciones Internacionales (Cori), que contó con el acompañamiento académico de las Universidades del Rosario y Eafit, así como de la Andi y de Bancóldex, encontró que las economías de Australia, Brunei, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia, China, Hong Kong, Taiwán y Vietnam, jalonadas por el notable comportamiento de China, pero también de Corea del Sur, Indonesia, Malasia y Vietnam, ya representan en la actualidad el 28,3% de la economía mundial, una cifra que supera la participación del grupo norteamericano del Nafta, que aporta el 23,2% del PIB global y de la Unión Europea, que ahora solo explica el 20,4%.

Tal vez por eso resulta desalentador que al evaluar los flujos de inversión y comercio de Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú con las 14 economías consideradas en Asia-Pacífico, el país quede relegado a la quinta posición, por encima solo de Ecuador, al cuantificar sus montos de intercambio comercial y de atracción de inversiones frente a los nuevos motores de la economía global. Y aún más, cuando solo se evalúa el monto de los flujos comerciales con las economías asiáticas seleccionadas, Colombia termina en la última posición entre las seis naciones latinoamericanas consideradas.

Apec, apuesta de integración con el continente asiático
Colombia debe otorgar atención a las dinámicas del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec) y el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP). Estos mecanismos de integración, se han activado como espacios propicios para el país, a partir de la firma del TLC con Estados Unidos, en una nueva demostración de que no existen plataformas excluyentes de inserción.