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La profesión de economista

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Sergio Clavijo - anif@anif.com

*Con la colaboración de Carlos Camelo

 

Ha pasado algo desapercibido un ejercicio muy interesante que realiza la revista The Economist sobre la evolución de la profesión de los economistas. Sucede que cada 10 años analiza los temas realmente novedosos de la agenda investigativa de las principales universidades del mundo y escoge los ocho temas e investigadores más novedosos del momento. La idea es “pronosticar” quiénes, y con qué temas, estarán liderando la agenda investigativa de la profesión en un horizonte de 10-20 años.

Por ejemplo, en 1998 dicho ejercicio analítico llevó a escoger como uno de los futuros “gurús económicos” a Michael Kremer de Harvard por sus pioneros trabajos sobre “experimentos sociales aleatorios”. Se postulaba entonces que, si se armaban dos grupos sociales y se intervenía desde muy temprano para darle soporte educativo a una serie de familias y a otras no (del mismo estrato y ambiente social), entonces con el tiempo se podría medir el impacto de esas políticas sobre los niños beneficiados vs. los no beneficiados.

Sin lugar a duda, ese fue un gran acierto en escogencia de tema y personaje, pues, dos décadas más tarde, este tipo de experimentos sociales (conocidos como “transferencias condicionadas”) han permitido aplicar estos principios sobre lo que funciona y lo que no funciona en programas de subsidios sociales. Banerjee y Duflo (esta última escogida como prospecto en 2008) han llevado a la cima este enfoque a nivel global desde su laboratorio social del MIT (ver http://anif.co/sites/default/files/torre160_0.pdf).

También se acertó al escoger hace 20 años a Steven Levitt de la U. de Chicago, pues sus temas sobre “Freakonomics” también han tenido gran acogida. No obstante, este enfoque ha exacerbado la idea de que no existe ninguna teoría económica detrás de ello, sino que prima “lo empírico” sobre cualquier tema, tal como lo ha criticado el Premio Nobel Heckman (de 2005), ver cuadro adjunto.

Las discusiones sobre “variables instrumentales” en econometría lucen inagotables e inconclusas, tal como lo anticipaba Edward Glaeser desde Harvard, otro de los postulados de 1998. A nivel macro-financiero, hace 20 años se escogió a Larry Summers como un buen prospecto de quién lideraría este tipo de discusiones, siendo este otro gran acierto, al igual que la escogencia de Krugman y Tirole (quienes inclusive alcanzaron el Premio Nobel de Economía en 2008 y 2014, respectivamente).

Sin embargo, ese ejercicio de 2008 se equivocó (por omisión) al no avizorar la importancia de los temas macro-tributarios, relacionados con la concentración del ingreso, que después ilustraría Thomas Piketty desde el París School of Economics. Independientemente de su “ingenuidad” a la hora de postular tasas marginales del 75% como la solución a dicho problema, es indudable que este tema redistributivo ha sido uno de los más importantes durante la última década (ver http:// anif.co/sites/default/files/piketty.pdf).

¿Cómo han cambiado los enfoques analíticos antes/después de 1998? Se afirma que en esa fecha hubo un rompimiento con la tradición de los años setentas-ochentas, cuando se le daba preeminencia a elegantes teorías que no siempre se sustentaban en datos que las confirmaran. Así, durante las dos últimas décadas, el péndulo se ha inclinado por lo empírico, pero ahora con la necesidad de reflexionar más a fondo sobre lo que realmente ha ocurrido tras los datos. Se requiere armar modelos analíticos para intentar ver qué tanto se pueden generalizar los hallazgos, pues el riesgo es que “cada experimento se vuelva único”. De ser así, desaparecería la “economía como ciencia”, pues su capacidad predictiva seria cuasi-nula.

Y… los ocho “gurús económicos” postulados en el 2018 son: Melisa Dell (algoritmos); Andrew (regulación salarial), Hendren (fallas de mercado en salud-seguros), Stancheva (impuestos), Patahk (educación); estos cinco desde la Universidad de Harvard; y William (innovación-patentes, desde el MIT), Kakamura (desde la U. de Berkeley) y Sufi (desde el Chicago Booth), ambos aportando métodos micro-fundamentados para mejorar el análisis macrofinanciero.

Todos ellos serán evaluados durante las dos próximas décadas para ver si llenaron las expectativas, tal como ocurrió con la mayoría de los escogidos en 1998 y en 2008. Que no se piense que se trata de inspiraciones-musicales y fuera del piano (como se decía de Mozart), ver The Economist, “Sweet and Serious Songs”, diciembre 22 de 2018. En realidad, se requiere, primero, mucho trabajo empírico, y, después, un gran esfuerzo por conceptualizar lo hallado, pues solo de esta manera ese trabajo será realmente útil a la hora de escalar y diseminar dichos experimentos a diversos países y regiones con grandes diversidades culturales.

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