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Analistas 16/06/2021

Biden y América Latina

Santiago Castro Gómez
Expresidente de Asobancaria

Mucho se especuló acerca de la manera como el presidente Joe Biden y su fórmula vicepresidencial Kamala Harris, recompondrían su política exterior hacia América Latina, pasando del unilateralismo de Donald Trump basado en America First, a una relación multilateral donde primaría el trabajo conjunto y coordinado entre Washington y pares regionales. Debo entonces aterrizar esas expectativas bajo dos realidades: la primera, es que Latinoamérica no estará entre las prioridades de Biden; y la segunda, es que la política exterior de Washington hacia el hemisferio no será uniforme y se enmarcará en seis enfoques diferentes.

La primera realidad es que por la fuerza de las circunstancias, las prioridades de la Casa Blanca seguramente se concentrarán en la reactivación económica y la aprobación de su agenda fiscal expansionista por el lado del frente doméstico, y por el lado externo en enfrentar el creciente poder económico y militar de China mediante el fortalecimiento de sus alianzas con socios y aliados en Asia y el Pacífico, así como en la recuperación y fortalecimiento de su sistema de alianzas en Europa Occidental. Salvo México, por su peso comercial, el resto de Latinoamérica simplemente no compite con la magnitud de los desafíos mundiales que tiene que abordar el Departamento de Estado. No es que no seamos importantes…lo somos. Solo que no representamos un dilema existencial para la seguridad nacional de los Estados Unidos según como ellos lo perciben.

Pasemos ahora a la segunda realidad que tiene que ver con la segmentación, en seis bloques diferentes, de la política exterior de Washington hacia la región. El primer bloque lo conforma México al ser el segundo socio comercial de los Estados Unidos con un volumen de intercambio que alcanzó los US$538.000 millones en 2020. El segundo bloque lo conforman Cuba, Venezuela y Nicaragua. Aquí se dio un baldado de agua fría para quienes esperaban cambios significativos. No los va a haber, y las razones empiezan por la política doméstica. Biden no olvidará haber perdido el estado de Florida ante Trump, como tampoco la contribución a esa derrota del voto Cubanoamericano y del creciente voto Venezolano-americano. El tercer bloque le pertenece solo a Colombia, lo cual se explica por la histórica cercanía estratégica de ambos países, basaba en parte en la lucha común contra el narcotráfico, que lo ha hecho receptor de la mayor cantidad de ayuda extranjera en las últimas dos décadas a través del Plan Colombia, impulsado entonces por un senador demócrata llamado Joe Biden, quien ahora tiene a un colombo-americano, Juan González, como su asesor para América Latina.

El cuarto bloque lo conforma Centroamérica, excluyendo Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Este grupo, conformado por Guatemala, El Salvador, y Honduras, cobra relevancia por el crecimiento migratorio de sus ciudadanos al Norte, lo que se vio evidenciado en la primera visita exterior de la vicepresidenta Kamala Harris. El quinto bloque es Brasil, el coloso suramericano, con el cual se prevé un enfriamiento. ¿La razón? La acelerada deforestación en el Amazonas. El sexto bloque son el resto de los países Latam, que ocasionalmente aparecerán según las circunstancias en el radar del Departamento de Estado.

Lo increíble es que nuestro comercio exterior con Estados Unidos, que alcanzó la suma de US$700.000 millones, es superior al de cualquiera de sus socios. Pero la falta de un bloque propio político y comercial asegura que no seamos interlocutores de peso, y que mientras esta situación perdure, tanto la política exterior de Washington como sus intereses, estarán fragmentados en relaciones bilaterales específicas en las que siempre nos ubicaremos en el lado débil.