Analistas

Tolerancia desde las organizaciones

Tolerar no es sinónimo de aguantar, tampoco es debilidad o sumisión. La tolerancia es el principio y condición necesaria para alcanzar relaciones sanas y basadas en el respeto, así como es indispensable para alcanzar la paz, el desarrollo económico y social de los países. La Organización de las Naciones Unidas estableció el 16 de noviembre como el Día Internacional de la Tolerancia para promover este valor con el fin de minimizar los extremismos, radicalismos y polarizaciones que han llevado a incrementar la violencia y los conflictos por el menosprecio fundamental de la vida humana.

En la Declaración de Principios sobre la Tolerancia de la Unesco, este principio se define como el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No solo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz.

El vivir juntos siempre ha sido un reto para la humanidad, en el ámbito familiar, en comunidades y en las organizaciones porque es la condición para construir una sociedad en búsqueda del bien común. En la esfera de las organizaciones es un reto mayúsculo el trabajar juntos y en la mayoría es considerado como un valor o competencia que buscan desarrollar para que se trabaje en equipo porque es necesario y vital para alcanzar objetivos comunes.

Las organizaciones hacen un despliegue importante para celebrar días como Halloween; pero no conozco alguna organización que el 16 de noviembre se una al Día Internacional de la Tolerancia y convoque a sus colaboradores para movilizar las actitudes de apertura a la diversidad, la escucha recíproca y la solidaridad para construir mejores espacios de convivencia en sus entornos de trabajo.

Las organizaciones son el espacio social en donde el ser humano pasa el mayor tiempo de su vida, al año le dedica mínimo 240 días y cerca de 2.000 horas. Si la mayoría de la vida se está en este espacio, la convivencia organizacional no es un tema de menor envergadura, al contrario, es uno de los aspectos a trabajar con empeño porque desafortunadamente la violencia ya entró a muchas organizaciones. Esta violencia se vive en diferentes formas, como la discriminación, el invisibilizar a las personas, el no escuchar o valorar sus aportes, el ejercer presión sistemática que lleve incluso a la renuncia, infundir temor con posibles represalias promoviendo la cultura del silencio, hasta hechos mayores de acoso laboral. Estas formas de violencia a veces son tan sutiles que no se perciben porque se han normalizado en el maltrato cotidiano que afecta la dignidad humana, la productividad y atenta contra la salud y la vida misma.

Si una organización es un conjunto de personas diversas, asumir la tolerancia es un deber moral y social que aporta en gran medida a la construcción de una sociedad más justa y menos violenta. Si se avanza en este sentido, se podrá luego pasar al siguiente nivel que propone Zygmunt Bauman y es pasar de la tolerancia a la solidaridad, que no solo acepta que la gente puede ser diferente, sino que sostiene la diferencia como algo bueno, que del contacto se aprende y todos salimos enriquecidos.