Analistas

Valor de probidad y transparencia

Los escándalos generalizados de corrupción nos hace sentir frustrados y estafados frente a quienes deberían ser el referente del Cuidado de los recursos que se pagan para generar bienestar, bienes públicos y contribuir a que el país sea mejor, más justo y más equitativo.

Cuál debe ser entonces el castigo de quienes roban salud, educación, acueductos, casas y los derechos a sus conciudadanos?, ¿cómo deben ser tratados quienes ofrecen dádivas favores y dinero en contraprestación de favorecimientos ilícitos?, ¿cómo parar este desangre de recursos en todos los estamentos de la sociedad?. Pues ciertamente debe ser ejemplar y cuando los recursos son públicos debería trascender al escarnio social y el castigo político, con medidas como la pérdida de su jubilación como consecuencia del robo del presente y futuro de muchas personas.

Todos los esfuerzos actuales están dirigidos principalmente a buscar y atrapar a los culpables, y eso está bien; vemos cómo se despliegan importantes esfuerzos desde el Gobierno a través de Contraloría y Procuraduría; así mismo las empresas cuentan con equipos para hacer control interno y auditorías especializadas en hacer escrutinios a fondo de contratos, de cada transacción y de cada pago. Hay que resaltarla efectividad pero también, en algunos casos, los inmensos costos que estos ejercicios en tiempo, dinero y también emocionales de quien con cierto miedo recibe a las auditorías, pues en muchos casos el indicador de éxito no está en mejorar procesos que prevengan desviaciones, pero sí en buscar culpables y número de hallazgos.

Países donde este crimen no se perdona porque funcionan las leyes, los jueces son altas dignidades para personas muy experimentadas y altamente probas y que trabajan en sociedades con alto capital social, los esfuerzos están más en mantener y/o generar la cultura de la probidad, de respeto y del “cuidado de los que no conocemos”, o sea, de los bienes públicos. Esta aproximación cultural tiene grandes virtudes pues se basa en la confianza, en la ética que garantiza las decisiones y los procesos transparentes, efectivos y correctos.

En las empresas se reconoce como muy importante el acordar una ética para toma de decisiones y para la ejecución de acciones que además de indicar el correcto deber pensar y deber en el actuar, que legitima y garantiza la promesa de valor a cada uno de los grupos involucrados en el negocio, desde los accionistas que han confiado sus recursos, hasta los clientes que reconocen la calidad del producto como resultado de la forma como se gestionó, pasando por la comunidad, el gobierno que facilita y los mismos funcionarios.

El resultado de esta buena práctica es claramente cuantificable en el valor de las empresas y para el que no crea que esto es ‘core’ debe pensar en el valor de Enron o del mismo Odebrecht en contraposición de Nutresa o ISA Intercolombia. En los mercados hoy también son vetados o premiados los productos, pero en un futuro próximo serán la condición para poder producir, vender y triunfar sosteniblemente.

Para terminar, es importante decir que el hurto de recursos es tan peligroso y reprobable como lo es la no ejecución de los recursos, pues esa ineficiencia en las empresas genera deterioro de valor pero en cargos públicos es quitarle bienestar y posibilidades de calidad de vida y futuro a la gente, que en conclusión es otra forma de “corrupción legal”, que debe ser prevenida y si fuera el caso, castigada.