Analistas

La jugada de May salió mal

Duro golpe para Theresa May. La primera ministra británica había convocado las elecciones generales con la intención de reforzar su mayoría de cara al Brexit. Esta jugada salió contraproducente.  Los ‘tories’ se quedan lejos de la cifra mágica de 326 que les hubiera otorgado la mayoría absoluta, logrando solo 318 escaños y perdiendo 12 asientos frente a las pasadas elecciones, mientras los Laboristas de Jeremy Corbyn obtienen 261 escaños, un aumento de 29. 

Estos resultados obligarán a Theresa May a pactar y formar un gobierno de coalición, lo que dificulta a la primera ministra gobernar en solitario y añade más dificultades para negociar la salida del Reino Unido de la Unión Europea. No se descarta una posible dimisión e incluso elecciones anticipadas a medio plazo. Los 10 diputados logrados por el Partido Unionista Democrático son el último salvavidas al que podrían aferrarse “in extremis” los conservadores para formar una coalición de Gobierno. Los unionistas norirlandeses se han ofrecido para “defender el “Brexit” y la unión”.  

Un escenario alternativo implicaría que el Partido Laborista llegue a algún acuerdo con el Partido Nacional Escocés, los Demócratas Liberales y otros partidos, aunque dada la aritmética electoral tras los comicios, tal arreglo parece complicado en estos momentos.  No puede descartarse tampoco una repetición de la experiencia de 1974, que vio unas segundas elecciones generales, en esa ocasión nueve meses después de la primera, también con un resultado inconcluso. 

Sin duda, el panorama político y económico y la postura del Reino Unido hacia el “Brexit” se han complicado. La Primera Ministra May podría incluso dimitir tras estos resultados y por tanto, habría que elegir un nuevo líder para el partido conservador. Phillip Hammond o Anna Soubry son probablemente los mejores representantes del “Brexit suave” que este resultado parece apoyar, pero les resultaría imposible gobernar con una estrecha mayoría dada la línea dura de los euroescépticos en el partido conservador. Esto subraya la probabilidad de unas nuevas elecciones como hemos señalado. En el lado del “Brexit duro” estarían Boris Johnson, tal vez Andrea Leadsom y Michael Fallon, que tendrían un mandato extremadamente débil dado el resultado de esta elección que parece favorecer una postura frente a la Unión Europea menos combativa. 

Sin embargo, la campaña electoral no parece haber manifestado un cambio de opinión hacia la decisión del voto del año pasado sobre el “Brexit”, y el ligero aumento en el voto y el número de escaños de los demócratas liberales es consistente con esta visión. Por tanto, no parece probable que, incluso con un cambio de gobierno, la decisión de abandonar la UE se revierta.  

Durante los próximos 18 meses, el parlamento británico tendrá que aprobar legislación importante sobre el “Brexit”, que será complicada de aprobar tras los resultados electorales, incluyendo la rebelión de grupos de diputados conservadores. Esta disidencia interna hace que el camino doméstico del “Brexit” sea menos evidente y reduce la posibilidad de que los conservadores puedan presionar en ciertos compromisos polémicos para facilitar las conversaciones de salida de la UE y acordar una transición en tiempo suficiente para la salida del Reino Unido en marzo de 2019. Pero este mandato más débil de los conservadores para abandonar el mercado único y la unión aduanera limita las formas más duras del “Brexit”. Es probable que se necesiten compromisos para conseguir suficiente apoyo interno en el parlamento para un acuerdo final. La mayoría de partidos e incluso muchos diputados conservadores apoyan formas más suaves de “Brexit”. 

Más allá del “Brexit”, muchos de los planes económicos del Partido Conservador se ven comprometidos (simplificación fiscal, reforma de las pensiones, educación, partes de la agenda regulatoria) dadas las necesidades de apaciguar a una base más amplia de diputados conservadores. La mayor incertidumbre política, exacerbada por las divisiones conservadoras sobre el “Brexit”, apuntaría a un posible debilitamiento del crecimiento económico en el Reino Unido en el corto plazo. Sin embargo, las perspectivas de una política fiscal más laxa y un “Brexit menos duro” sugieren unas mejores perspectivas a medio plazo.

A corto plazo, las incertidumbres pesan sobre el sentimiento de los inversionistas.  Esto refleja principalmente en la caída de la libra esterlina, que sin embargo favorece su mercado de acciones. La correlación entre el FTSE 100 y la libra es cercana al -0,6 (la más negativa en una década), así que por cada 10% de caída de la libra esterlina, el mercado sube alrededor de 6%. Las multinacionales con poca exposición al mercado nacional pero con una alta sensibilidad a la libra esterlina (mineras, sanidad, energía) se ven beneficiados, mientras las compañías de consumo doméstico (minoristas alimenticios y no alimenticios) se ven afectadas por el aumento de la incertidumbre política.