.
Analistas 29/06/2021

Una reflexión sostenible

Natalia Zuleta
Escritora y speaker

Vivimos una era marcada por enormes desafíos sostenibles que cada vez más son evidentes y palpables en nuestra vida. La crisis climática y una posible sexta extinción masiva por nombrar algunos, nos llevan a pensar que algo no hemos estado haciendo bien en la forma cómo hemos decidido enfocar el desarrollo económico y social en el mundo. La carta de navegación que han adoptado los países con la incorporación en sus agendas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU, provee un amplio inventario de desafíos en lo ambiental, social y económico que deben ser trabajados por gobiernos y organizaciones.

Sin embargo, si algo es claro en todos los temas relacionados con la preservación de nuestro planeta y de los recursos que la tierra provee para nuestra supervivencia, es que para que haya un cambio colectivo se requiere antes que nada una transformación individual. Al otro lado del espectro de una economía global basada en los combustibles fósiles yace una sociedad de consumo que poco o nada vive desde hábitos sostenibles y que ha sido educada en una versión de la economía lineal basada en la extracción de recursos naturales, la producción masiva, el uso y el deshecho.

Somos de cierta manera víctimas de un modelo que ha inspirado en nosotros una forma de ver el mundo antropocentrista y que se aleja de una posición integradora en la que deberíamos reconocernos como seres interdependientes y responsabilizarnos por el cuidado de todo aquello que nos rodea. Necesitamos encontrar el camino de vuelta a ese lugar de la empatía y la compasión que nos devuelva la sensibilidad para observar, percibir y actuar desde un lugar más humano. El gran desafío de la pospandemia será sin duda la transición hacia una economía con visión regenerativa y enfoque circular pero también a nivel personal debemos hacer conciencia de cada aprendizaje y capitalizarlo para avanzar hacia un futuro más sostenible. Mi escrito de hoy, más allá de hablar de una serie de conceptos que abarcan el universo de la sostenibilidad busca generar en usted lector una reflexión sobre lo que implica para cualquier persona vivir una vida sostenible.

Joanna Macy, activista ambiental, escritora y estudiosa del budismo nos dice “Hemos ganado distancia y sofisticación en la percepción, ahora podremos ver quiénes hemos sido a lo largo del tiempo. Ahora nos puede sorprender: somos el mundo conociéndose a sí mismo. Podemos renunciar a nuestro estado de separación. Podemos regresar a la esencia y participar del mundo de manera más enriquecedora y responsable (…) Sabemos cuáles son esos grandes efectos que ha tenido nuestro comportamiento insostenible generado históricamente desde cada una de las revoluciones industriales que han moldeado las economías y la forma de ver el mundo”.

En este escenario un poco desesperanzador se divisan en el horizonte retos complejos como la necesidad de disminuir radicalmente las emisiones de dióxido de carbono y de reducir el desperdicio y la basura que botamos en el planeta. Paralelo a estas realidades emerge otra más compleja y es la necesidad de limpiar nuestras mentes y corazones de ideas, creencias y costumbres que nos alejan de un propósito sostenible.

El mundo necesitará cada vez más de líderes sostenibles que encaren con estrategia e innovación los desafíos, pero también de líderes espirituales que nos inspiren a evolucionar a un mayor nivel de conciencia en el que nos comprometamos desde nuestra vida cotidiana con cambiar y adoptar hábitos que nos faciliten llevar una vida más sostenible. Aquí no me refiero solo a aprender las mínimas tareas como reciclar y aprender a desechar. Es necesario cultivar cualidades en nosotros mismos como la creatividad, la flexibilidad y la apertura para navegar en un mundo que cada vez más es incierto. Ser sostenibles implica reconocer que nos hemos equivocado y hacer lo que esté a nuestro alcance para cambiarlo. El futuro no está en manos de los gobiernos sino de cada uno de nosotros que cada día tomamos decisiones sobre cómo vivir la vida, educar a nuestros hijos y consumir, entre otras cosas.

Debemos asumir con inteligencia y sensibilidad una era que nos empieza a mostrar nuevos caminos y salidas. Caminos que podremos tomar desde una postura reflexiva, analítica y creativa. Así como hemos afectado a la tierra con la sobreexplotación de recursos naturales y la cantidad excesiva de deshechos que la contaminan, hemos llenado nuestra cabeza con creencias limitantes y muchas veces egoístas que no nos dejan ver que somos parte del problema, pero al mismo tiempo protagonistas de una solución. Ahora yo me pregunto, debemos limpiar dramáticamente a la tierra de los efectos devastadores del dióxido de carbono, pero ¿qué es eso que debemos limpiar de nuestras mentes para poder lograr lo primero?