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Analistas 24/02/2021

Cartas que vienen y van

Bien dicen por ahí que el papel lo aguanta todo. Y eso es lo que ha pasado con las elocuentes cartas que se han conocido en los últimos días. Hasta expresidentes han salido a exhibir sus supuestas buenas intenciones. Sin contexto, parecen escritas por verdaderos próceres que al que traten de contradictor, se le gradúa de villano.

La última carta, y sobre la que quiero plantar varias dudas razonables, es la firmada por seis ex integrantes del secretariado de las Farc. Dicen que aceptarán los delitos de lesa humanidad que les endilgue la JEP. Es un paso notable en la construcción de la paz, estamos de acuerdo. Pero hay varios cabos sueltos.

Lo primero, es que ya es hora de dejarse de comunicados públicos y aportar realmente a los procesos en la JEP. Francamente la carta se la pudieron ahorrar y simplemente enviar una notificación a la Justicia Especial aceptando la única imputación que les ha hecho. Pero no, prefieren repasar el libreto que montaron para el caso de Álvaro Gómez Hurtado: publican una carta, piden perdón, aceptan una responsabilidad, pero cuando es la hora de contar la verdad, de justificar y aportar pruebas, no saben nada más.

Eso resulta sumamente grave porque en este proceso en el que las penas son mínimas, reconocer un delito no es nada comparado a saciar la necesidad de las víctimas por la verdad. Aceptar el crimen sin aportar verdad, es peor que negarlo, ir a juicio y permitir que la justicia investigue. Los exguerrilleros se quedan con el delito y la impunidad: y las víctimas se quedan sin la verdad y con la injusticia.

La otra duda es por la incoherencia entre esa carta y la que se conoció justo una semana antes firmada por Victoria Sandino y Benkos Biojó donde aseguran que las Farc no fue un aparato criminal. Allí, contrario a querer reconocer crímenes de lesa humanidad, piden extender la conexidad del delito político, ósea que se les amnistíe todo.

Pero hay otro detalle que no es menor: la carta fue firmada por seis excomandantes guerrilleros ¿Por qué seis y no siete? Los imputados por secuestro fueron ocho, incluido Juan Hermilo Cabrera quien murió un día antes de hacerse pública la decisión de la JEP. Nos queda faltando uno. Nada más y nada menos que Milton de Jesús Toncel, alias Joaquín Gómez. A él directamente, y no por cadena de mando, se le atribuyen las tomas de Patascoy y las delicias, es decir 30 soldados muertos y más de 70 secuestrados. Tiene ya una condena por el secuestro de la excongresista Consuelo Gonzáles de Perdomo y además es acusado por la retención de los tres contratistas norteamericanos. Joaquín Gómez quien remplazó a Raúl Reyes en el organigrama de las Farc también fue condenado por la toma de Gigante, Huila, y por la masacre en Puerto Rico, Caquetá.

Toncel no firmó la carta, porque hace parte de otra disidencia que se armó en el hoy partido de los Comunes, en la que están Victoria Sandino y Benkos Biojó. Los mismos que pidieron una amplia amnistía y que hoy niegan que las Farc fue un aparato criminal ¿Creerá Joaquín Gómez que todo lo que hizo es justificado?, ¿se negará a aceptar delitos de lesa humanidad?, ¿aspirará a cambiar condenas que en la justicia ordinaria suman más de 110 años, por una amnistía en la Justicia Especial? Claro que sí. Y lo peor de todo es que de la JEP cualquier cosa se puede esperar.