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Sólo los imbéciles no cambian de opinión

Así, con esas palabras, respondió el presidente Santos en la campaña presidencial a Noemí Sanín, quién le criticó por haber defendido en el pasado el despeje del Caguán y haber cambiado de opinión posteriormente.  

Puede haber razones más interesantes que la "no imbecilidad" para explicar cambios de opinión. Un estudio reciente se ha dado a la tarea de explorar las razones de un cambio de opinión que ha intrigado a los macroeconomistas en los últimos años: el de Bernanke, presidente de la Reserva Federal.

Antes de acceder a ese cargo, Bernanke escribió varios artículos criticando las actuaciones del Banco de Japón durante de crisis japonesa que se prolongó desde comienzos de los noventa hasta bien entrada la primera década del presente siglo. Bernanke, por medio de diferentes discursos y varios artículos académicos, propuso en ese entonces medidas como una depreciación agresiva del yen, fijar objetivos de tasas de interés de largo plazo, financiar reducciones impositivas con expansiones monetarias o aumentar las metas inflacionarias de largo plazo a un rango de entre 3 o 4%. Un arsenal monetario no convencional para luchar contra la parálisis económica y la deflación.

El autor del estudio de marras sugiere que las opiniones que Bernanke se había formado sobre el tema cambiaron radicalmente en junio de 2003, tras una reunión de comité federal de mercado abierto (FOMC). En esa reunión, Vincent Reinhart, propuso una aproximación monetaria cauta en escenarios de crisis como la de Japón a finales de los noventa. A partir de ahí Bernanke ha sugerido acciones que se alejan considerablemente de sus propuestas anteriores y se acercan a las de Reinhart.

El artículo argumenta que detrás de este cambio puede haber un complejo proceso de pensamiento grupal. Las ideas de Reinhart fueron presentadas como la opinión unificada del equipo técnico del FED. Cuando Bernanke intervino en esa reunión, ya se había formado un consenso entre los asistentes alrededor de las bondades de enfoques monetarios cautos-contrarios a los que él había defendido en el pasado. Además, en la FED modelo 2003, había una serie de factores que según algunas teorías sicológicas, hicieron a Bernake más proclive a cambiar de opinión aún en un tema que había estudiado tan bien y en el que tenía opiniones tan fuertes. En particular, en esa época, en las decisiones colegiadas del FOMC había un líder fuerte en la reunión (Greenspan), una tradición en el FOMC de que no era buena idea disentir oficialmente, un sentido de metas comunes y un cierto aislamiento en el sentido en que las decisiones se tomaban basados en un único análisis-el del equipo técnico de la FED.

La teoría del pensamiento grupal (groupthink) sugiere que estos elementos vuelven a los miembros más proclives a abstenerse de llevar la contraria. Adicionalmente, según el estudio de marras, la personalidad de Bernankelo hizo aún más proclive a cambiar de opinión tras esa reunión. Total, la teoría dice que por una combinación de personalidad y de diseño institucional-que hacía difícil poner en duda las recomendaciones del equipo técnico-Bernanke cambió de opinión sobre el curso que debe seguir un Banco Central cuando un país sufre una crisis como la japonesa de hace unos años o la gringa que enfrenta él ahora desde la presidencia de la FED.

Para evitar que el pensamiento grupal haga a los comités menos proclives a oír opiniones diversas, Ball sugiere algunas alternativas. Por ejemplo, no tener un presidente de junta arrollador (como era Greenspan), incentivar el disenso, evitar el aislamiento intelectual por ejemplo vía conferencias de prensa y seminarios en los que otras opiniones tengan espacio. Lecciones importantes para las juntas en general y las de los Bancos Centrales en particular.