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Concertar ¿con el sector privado?

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El grupo de expertos comisionado para proponer cambios a la estructura tributaria presentó su primer informe. No es aún un recetario de propuestas sino la exposición de las características y problemas del esquema que tenemos. Aun así, el encabezado del primer capítulo es muy diciente: Colombia necesita introducir una reforma tributaria estructural. 

La primera razón que justifica el encabezado es que el recaudo previsto a futuro es insuficiente. El informe deja abierta la puerta para que el ajuste se haga vía una eliminación del gasto público ineficiente pero asegura que aún en ese caso debería haber una reforma para mejorar la eficiencia y hacer más equitativo el esquema.

Y a partir de ahí se mezclan descripciones con juicios que dejan ver por dónde irán algunas propuestas finales. Una de las primeras constataciones es que el esquema carece de equidad horizontal: dos individuos con el mismo nivel de ingresos pueden pagar impuestos muy distintos. En particular si uno de los individuos tiene una proporción grande de ingresos por dividendos pagará menos impuestos que el que tenga ingresos mayoritariamente salariales. Agrega que muy pocos contribuyen pues en Colombia las personas comienzan a declarar impuesto de renta a partir de un ingreso elevado que como proporción del PIB per cápita, es el doble del de América Latina y 12 veces el de la Ocde. 

Enlazo lo anterior con las palabras del presidente de la República quien en días pasados afirmó que no iba a haber una reforma tributaria que no fuera concertada con el sector privado. ¿Quién es el sector privado? Sospecho que lo que tenía en mente el Presidente es a un puñado de dirigentes gremiales y empresarios con quienes se concertó la horrible minireforma tributaria de finales de 2014 en el Club el Nogal (no en el Congreso de la República). 

¿Cómo es posible que una de las decisiones más relevantes que puede tomar una sociedad-la de la financiación del Estado-se tome a puerta cerrada con unos pocos que no representan al resto? La respuesta es que eso que suena tan absurdo no lo es si ese “sector privado” representa a alguien: a los pocos que pagan impuestos en este país. Si la carga tributaria descansa sobre una pequeña minoría el proceso político invariablemente será uno en el que le pedimos permiso a esa élite sobre la forma de cobrarle impuestos. Y lo que sale de ahí es un esquema lleno de exenciones para que esa élite pague poco: los dividendos no tributan, se pueden descontar del impuesto de renta los recursos destinados a comprar a casas y a ahorrar para pensiones, se vale esconder la plata en Panamá, a la hora de pagar impuesto al patrimonio se excluyen las acciones del cálculo de riqueza, etc. 

Romper ese círculo vicioso requiere un esquema de financiación del Estado donde la mayoría de colombianos con ingresos declare renta. Sólo si muchos pagan impuestos podemos tener un proceso político que vuelva aceptable quitarle los privilegios tributarios a los más acaudalados. Para acercarnos a estándares de la Ocde, colombianos con ingresos mensuales de un millón de pesos para arriba deberían declarar renta. Y, sí, eso incluye a los pensionados y a la clase media. 

Pero no soy optimista. Aquí hace carrera en los medios, el Congreso y hasta en el gobierno el estribillo que exime a la clase media y a los pensionados de pagar impuestos. Así que quizás tenga razón el Presidente. No haremos nada sin el permiso del sector privado. La élite lo llamaría yo. Y así, paradójicamente, jamás habrá reforma estructural. Ni eficiencia. Ni equidad.

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