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Analistas 20/01/2021

El escándalo que no ha sido

En un país de baja confianza es natural que ya se sospeche, sin evidencia alguna, que el programa de vacunación contra el covid estará plagado de corrupción, politiquería, desidia y despilfarro. Se trata casi de una presunción de derecho: cualquier proyecto que implique significativos recursos públicos, sea una autopista, una hidroeléctrica o la atención de una emergencia, se presume de antemano que será un fracaso. Con un corolario: entre más grande la iniciativa y más costosa, mayor será la anticipación del escándalo, así, aún, no se hubiese empezado su ejecución.

Es, por decirlo de alguna manera, un escándalo profiláctico, donde los medios y los políticos compiten por destapar el grandioso acto de corrupción que, si no ha ocurrido, con seguridad ocurrirá.

Desde que empezó la aplicación de vacunas contra el covid la opinión pública, con legítima razón, empezó a preguntar por el programa de vacunación nacional y el gobierno trastabilló en la respuesta. Anuncios, leyes, decretos, documentos Conpes, foros, cronogramas, declaraciones radiales y entrevistas dominicales, pero de la vacunación, lo que se dice, poner una inyección con medicamento en el brazo de algún compatriota, nada.

Por eso, siendo Colombia un país subyugado por el fetichismo legal, la única forma de verificar que la vacunación no era puro cuento era pedir los contratos. Unos pedazos de papel impreso con firmas que en el imaginario colectivo colombiano equivalen a meter el dedo en la llaga para asegurar, como Santo Tomás, que, en efecto, Jesús había resucitado. Se dispararon derechos de petición y la respuesta: evasivas, más cronogramas y más entrevistas. Pero de los contratos nada.

Lo sabíamos, dijeron los incrédulos, nos quedamos sin vacunas y, si acaso después de Burkina Faso, tendremos algunas dosis suficientes para inocular a los sobrevivientes. El gobierno acorralado y sin más excusas confesó: tengo los contratos, pero no los puedo mostrar porque son confidenciales. La paranoia colectiva activó el hiperimpulsor, se filtran los supuestos precios de las vacunas y los detectives de la corrupción encuentran la prueba reina: los precios de las vacunas colombianas son más altos, hecho alternativo que se riega como candela por las redes sociales. Conclusión: se robaron el programa de vacunación y todos moriremos de covid.

Lo cual es una lástima porque el programa de vacunación ni siquiera ha empezado y ya, en la mente de muchos, es un fracaso. Repito, no necesariamente por causa del gobierno, sino por la desconfianza generalizada. En Colombia se gasta más energía y esfuerzo en lograr que la profecía del fracaso se auto cumpla que en facilitar que se logren los objetivos. Los programas de vacunación anti covid son muy complejos. Israel, Bahréin y los Emiratos, países pequeños y homogéneos, no son buenos ejemplos de lo que se puede esperar. En los próximos meses, cuando empiece la vacunación y empiecen los problemas -que inevitablemente llegarán- se requiere de cabeza fría para ayudar cuando toque y para criticar cuando sea necesario.