Analistas

Merkel luce inamovible

A 13 días de las elecciones en Alemania, el panorama es claro para la canciller Merkel, quien se asegurará por cuarta ocasión (consecutiva) el cargo más relevante de la política germana. A pesar de ello, existe algún sector del electorado que continúa con su indecisión, lo que inevitablemente hace recordar fenómenos tales como el Brexit, Trump y votaciones importantes de candidatos derechistas radicales como Marine Le Pen (Francia), Norbert Hofer (Asutria) y Geert Wilders (Países Bajos).

La que pareciera una equitativa competencia entre los dos partidos de mayores perspectivas para quedarse con la victoria (Unión Demócrata Cristiana y el Partido Social Demócrata), no lo es en realidad. La ventaja, claramente, se ha ido del lado del partido de gobierno. La Unión Demócrata Cristiana de Ángela Merkel ha mostrado, a partir de las diversas consultas (encuestas), que se quedará en el poder. Incluso, a pesar de las particulares ondulaciones de las últimas semanas.

Y es que el desempeño del partido de la actual canciller ha sido realmente superior al logrado por el del candidato social demócrata Schulz. Desde 1949, cuando se creó la República Federal Alemana, la Unión Demócrata Cristiana ha puesto cinco cancilleres para liderar 13 períodos de administración gubernamental, destacándose Adenauer (1949-1963), Kohl (1982-1998) y Merkel (desde 2005).

Dada la continuidad, bien valdría revisar los vínculos germanos con algunos actores globales. En América, el actor tradicionalmente más relevante para el gobierno alemán es Estados Unidos. Sin embargo, las relaciones entre la canciller y Trump van en deterioro. De hecho, ha habido un trato algo displicente de su parte hacia el magnate norteamericano y, en pronunciamientos oficiales, ha expresado que ya no es tiempo de confiarse en USA. Las relaciones bilaterales e, incluso, multilaterales (al interior de la OTAN) han sufrido un deterioro apenas comprensible con la llegada del inexperto mandatario a la Casa Blanca.

En relación con América Latina no ha habido grandes cambios en los últimos años. Los flujos de cooperación internacional, no obstante haberse reducido, mantienen su dinámica tradicional. Sin embargo, infortunadamente para la región, la realidad es que el gobierno alemán ha mantenido sus prioridades hacia otras esferas. No gratuitamente Wilhelm Hofmeister tituló un artículo académico años atrás bajo el rótulo de unas “relaciones sin emociones”. Estas distancias se acentuaron, además, por la lejanía cultural (en temas de negocios) entre los latinoamericanos y los “fríos” europeos.

Frente al Reino Unido las cosas se asemejan a la crítica situación que Berlín presenta con Washington. Algo apenas normal cuando se considera la relación especial entre Estados Unidos y el archipiélago británico. El voto positivo ante el Brexit crispó los ánimos y llevó a Merkel a pensar en una dirección netamente continental. Afortunadamente las elecciones francesas ubicaron a Macron en el poder parisino y las austriacas y holandesas descartaron a Hofer y Wilders respectivamente. Con ello existe un mejor ambiente. Es decir, la Unión Europea no está en riesgo, y con la permanencia de la Canciller en el poder por cuatro años más, hay mayores garantías de trabajo conjunto en beneficio del proceso de unificación.

Finalmente están China y Rusia. Ambos países en el radar de Merkel todo el tiempo. La bilateralidad con China está en inmejorable nivel. Sus jefes de gobierno han coincidido en temas delicados como los de Norcorea y Venezuela y se tornan conciliadores en asuntos neurálgicos de la política internacional. En tanto que, con Rusia, Merkel ha sido más cautelosa, invitando a no “cruzar la línea roja” que reconoce frente a Putin.

Los cambios más profundos no han sido ni provocados ni estimulados por La Canciller, al contrario, es a ella a quien debe abonársele un acertado comportamiento ante situaciones complejas y delicadas.