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Economía naranja ¿Posibilidad real?

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El presidente Duque tuvo como bandera durante su campaña la economía naranja. Con el tiempo dicha propuesta fue reemplazada por otras que tuvieron mayor conexión con el pueblo y así, sin olvidar su propósito, fue elegido como primer mandatario.

Colombia tiene múltiples problemas; hoy la droga parece ser el más urgente a solucionar. El proceso de paz dejó el país desbordado en producción y exportación de cocaína, la guerrilla resultó fortalecida, pues al final, ni entregaron las armas, ni las rutas del narcotráfico; la reincorporación no se dio como esperaba y a cambio tienen curules en el Congreso y una justicia creada a su medida. Con todo ello, más los problemas económicos heredados, una sociedad en paro, resulta pertinente la pregunta ¿Es la economía naranja una posibilidad para Colombia?

A primera vista pensar en el arte y la capacidad creativa de los colombianos es una labor loable, pero a la que se debe acudir una vez esté solucionado lo urgente. Sin embargo, estos temas también están en aprovechar las oportunidades. Felipe Buitrago en su libro, dice que dejamos pasar la revolución industrial, la tecnológica en el siglo XX y que, de no estar atentos, dejaremos pasar esta nueva revolución: la naranja; para nadie es un secreto que nuestro país tiene un potencial cultural y creativo enorme, sin embargo, no ha sido capaz de plasmar en desarrollo económico todos sus frutos, a pesar de que casi 5% del PIB pertenece a dicha categoría, su potencial es mayor y apenas está por conocerse.

Como lo señala el presidente: “el demonio está en los detalles”; aquí en la cifra anterior también; un poco más de 3% de esa economía naranja la aporta el turismo; por tanto, en materia artística y creativa el trabajo está por hacerse. Para impulsar dicha política fue creado el viceministerio naranja; éste se deberá encargar de hacer realidad esta oportunidad; sin embargo, deja un sinsabor que sea a través de burocracia como se intente darle impulso a dicho sector.

Perfectamente un viceministerio de cultura o el de turismo pudieron encabezar dicha medida sin la creación de más cargas burocráticas; finalmente el diagnóstico de por qué la economía naranja no arranca como debiera, está hecho: los artistas dan mayor valor a sus creaciones que el hacer un negocio de ellas; el Estado no cuenta con suficientes medidas a favor de los derechos de autor y tal vez la peor causa: los colombianos estamos acostumbrados a recibir las creaciones culturales gratis.

Lo regalado acaba con los artistas; el no pagar por una creación cultural hace que no se vea profesional y no se valore adecuadamente lo hecho. Con todo ello, la economía naranja debe ser una posibilidad en Colombia; lo urgente tendrá que trabajar de la mano con esta oportunidad emergente, tal vez así salgamos de la discusión eterna de las drogas, el petróleo y los subsidios.

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