Analistas

De zapatos y simpatía

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Ponerse los zapatos del otro apenas es el comienzo. Estar en los zapatos del otro debe ser el punto de llegada. En La Teoría de los Sentimientos Morales (1759), Adam Smith le da especial importancia al sentimiento moral de la simpatía. Para sentir como siente el otro, decía, es necesario ponernos en sus zapatos. Y este ejercicio de simpatía es la condición indispensable para poder construir una sociedad incluyente. Cada uno debería tratar de colocarse en la situación del otro, e imaginar cómo sería mirar con sus ojos, oír con sus odios, odiar con su rabia, amar con su amor.

La reflexión de Adam Smith ha sido el fundamento de las concepciones de justicia que centran la atención en los sentimientos y no en los argumentos lógico-racionales. Smith confía en que la simpatía permita ir construyendo una sociedad mejor, en la que nadie tenga que salir a la calle “sintiendo vergüenza” porque no puede usar camisa de lino, o zapatos de cuero. El orden social debe garantizar que todas las personas dispongan de los bienes que ellas consideran valiosos, como la camisa de lino. La exigencia de Adam Smith va más allá de la satisfacción de las necesidades básicas, hasta el punto de que en una sociedad incluyente nadie se debería quedar en su casa porque no “lo invitan a comer, o porque no puede invitar a comer”.

Y el compromiso con la simpatía, continúa Smith, debe ser mayor en quienes están en condiciones de ayudar a los demás. En el lenguaje de hoy, la primera tarea le correspondería al 1% de las personas más ricas, a las que hacen referencia el último informe de Oxfam (Gobernar para las Elites. Secuestro Democrático y Desigualdad Económica) y el libro de Piketty (El Capital en el Siglo XXI). A ellos Smith les preguntaría: ¿cómo se sentiría usted viviendo en una casa de 42 metros cuadrados? ¿Le daría a su hijo una educación de un millón y medio de pesos al año? ¿Le gustaría que su hijo en lugar de estudiar tuviera que hacer maromas en un semáforo? Y responder a estos interrogantes no es difícil. Basta con hacer un ejercicio sencillo de imaginación.

La campaña Soy Capaz se lanza en el mismo momento en que el ministro Cárdenas propone una nueva reforma tributaria. Las reacciones en contra del aumento de la tarifa y de la base del impuesto al patrimonio han sido muy duras. Esta actitud no es acorde con el sentimiento de la simpatía. Incluso, para que éste se concrete en un nuevo orden institucional, no basta con una tarifa máxima del 2,25%. Sería necesario que la tarifa creciera de manera exponencial con el nivel de riqueza. Aceptar impuestos progresivos, que efectivamente mejoren la distribución del ingreso, marca la diferencia entre ponerse los zapatos de los otros y estar en los zapatos de los otros. Entre lo uno y lo otro hay un abismo, ya que se trata de pasar del acto simbólico al compromiso.

Es una lástima que entre los economistas la lectura de Adam Smith se haya reducido a la “mano invisible” del mercado, dejando de lado sus consideraciones sobre los sentimientos. La inclusión y el diálogo son las condiciones necesarias para que la vida en comunidad contribuya al logro de la felicidad de todos. En palabras de Adam Smith: “la vida en sociedad y la conversación son los remedios más poderosos para que la mente vuelva a su tranquilidad si, por desgracia, en algún momento la ha perdido. También son los mejores garantes de un temperamento sosegado y feliz, que es tan necesario para la auto-satisfacción y la alegría”. 

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