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Un ruso hijo de Putin resucitó la Guerra Fría

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En la historia turbulenta del siglo XX y comienzos del XXI se encuentran ejemplos de personas, no organizaciones, países o grupos de países, que pusieron en jaque a la gran potencia mundial, Estados Unidos. Los grandes contradictores del imperio fueron Fidel Castro, Saddam Hussein, Osama Bin Laden o Hugo Chávez desde diferentes escenarios políticos.

En los últimos días, Vladimir Putin, presidente de Rusia, se convirtió rápidamente en el nuevo contradictor no solo de EE.UU., sino de todo Occidente y la gran mayoría de países europeos que son sus socios comerciales. En menos de un trimestre de lo corrido de 2014, Putin logró desconectar la zona de Crimea de Ucrania y anexarla a Rusia.

El desafío de Putin en una aventurada acción, ocurre sobre una posición geográfica histórica. Los europeos recordaron lo que en su momento fue la famosa Guerra de Crimea de mediados del siglo XIX. En esa ocasión el enfrentamiento se dio por motivos religiosos y comerciales. Se enfrentaron el entonces Impero Ruso con la alianza de Francia, Reino Unido y el imperio Turco-Otomano. Hoy por hoy los recursos naturales y su administración, convirtieron de nuevo a Crimea en una zona apetecida para Rusia. Un importante porcentaje de países en Europa dependen del gas natural que les vendía Ucrania el mes pasado y que ahora vende Rusia.

Putin hizo su pataleta, al mejor estilo de los niños malcriados de cinco años. En un corto tiempo presionó militarmente para forzar un referendo, posicionó sus fuerzas en frontera, declaró a Crimea estado independiente al otro día de las votaciones y en menos de 48 horas ya la había anexado a Rusia. Nadie juega porque el balón es mío. La diferencia es que Putin no tiene padre que lo corrija ni profesora que lo castigue. Hizo lo que quiso y los demás con sus llamadas telefónicas e intentos tibios de diplomacia vieron como el matón del salón les desbarató el orden político establecido. Además de todo, el precio del gas inevitablemente subirá según analistas económicos en al menos 50%. David Cameron ya anunció que el Reino Unido aceptaba con resignación las nuevas condiciones comerciales y terminará comprándole gas natural a Rusia. En otras palabras, el matoneo de Putin le dio resultado.

Desde 2002 en la Cumbre de Kananaskis, Canadá el G7 formalmente se convirtió en G8, Rusia venía actuando como miembro de pleno derecho. Ahora se ha quedado aislada de la agenda política internacional. Las siete mayores potencias occidentales (Estados Unidos, Japón, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia) decidieron esta semana expulsar al país del G8 “hasta que cambie su actuación” en la crisis de Ucrania. “Hoy reafirmamos que las acciones de Rusia tendrán consecuencias significativas” fue lo que dijo la canciller alemana Ángela Merkel. Pero incluso entre los siete países más poderosos del mundo no hay un consenso sobre la conveniencia de imponer sanciones más duras. Estados Unidos votaría por imponer más sanciones, pero no depende de los recursos naturales como los demás. Los socios europeos temen que una acción contundente de carácter económico pueda poner fin a todas las opciones de diálogo al tiempo que causa daños en una Europa aún en recuperación. El niño matón del colegio quedó por fuera del salón, pero con el balón en la mano.

La expulsión “reinicia” la configuración de la diplomacia internacional a los tiempos de la Guerra Fría. Otro ejemplo de equilibrio de Nash. Esta semana se dio un encuentro en la residencia del primer ministro holandés, Mark Rutte, en La Haya. La reunión resulta histórica pues la última vez que se celebró como G7 fue en 1997. Es la primera vez sin el formato G8 en el siglo XXI. El ruso los tiene desconcertados. Putin, solo, desbarató el orden mundial. Hasta la gente en Ucrania montó una página de protesta mezclada con fotos en las redes sociales: www.fuckyouputin.org. Un verdadero hijo de Putin.

Ñapa: El ministro TIC Diego Molano tiene listo un decreto que obligaría a las empresas de telefonía celular a suspender las ventas de sus planes en aquellos departamentos donde no cumplan los mínimos de calidad exigidos por la CRC. Esta medida ya fue adoptada en otros países del mundo como Brasil y Corea. 

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