sábado, 25 de julio de 2020

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La telemedicina, definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “la prestación de servicios de salud (en los que la distancia es un factor determinante) por parte de profesionales sanitarios a través de la utilización de tecnologías de la información y la comunicación (TICs) para el intercambio de información válida para el diagnóstico, el tratamiento, la prevención de enfermedades”, ha sido protagonista a nivel mundial en el contexto de la pandemia del covid-19. Considerando el progreso en las tecnologías de la información y las comunicaciones, del cual hemos sido testigos en la última década, en momentos como los que vivimos donde prima el distanciamiento social, es de esperarse que tanto los gobiernos como el sector privado enfoquen esfuerzos en aplicarlas al manejo de la salud.

Es innegable que en la situación que vivimos hoy, la práctica de la atención médica primaria de manera remota, debería ser un instrumento clave para mejorar la salud de los ciudadanos, hacer una sanidad más sostenible, ahorrar de costes y mayor eficiencia a nivel asistencial, además de suponer una importante mejora de la prestación sanitaria en regiones consideradas inaccesibles o de difícil acceso a la asistencia sanitaria.

China, mucho antes de la llegada del covid-19, ha sido el pionero en telemedicina como estrategia para reparar o rehacer su desbordado sistema de salud. De la misma manera como ese país ha dado ejemplo al mundo en lo que respecta a innovación y emprendimiento logrando en poco tiempo transformar la forma en que los consumidores compran, piden taxis y ordenan comida, las compañías chinas como Good Doctor (parte del conglomerado de seguros Ping An), Alibaba y Tencent, intentan revolucionar la atención médica. Su apuesta se enfoca en digitalizar la forma en que se atienden los pacientes utilizando tecnologías como la inteligencia artificial y el lenguaje natural. El negocio no es nada despreciable, razón por la cual los gigantes tecnológicos chinos están tras él. Se estima que la “atención médica en línea” en China crecerá a un tamaño más de veinte veces el actual en los próximos 10 años. Esta misma tendencia debería reflejarse en Latinoamérica, donde hoy en día existe una situación de mercado similar a la de China, con unos sistemas de salud con las mismas carencias, ineficiencia y un crecimiento exponencial en acceso a internet y a telefonía móvil.

No se puede negar que existen limitaciones en lo que un médico puede hacer en el ciberespacio sin ver al paciente y es ahí donde entran a jugar los temas regulatorios. En momentos como los que vivimos es primordial que los gobiernos actúen de manera rápida y eficiente, con una mente abierta, que habiliten la prestación de los servicios, pero que al mismo tiempo protejan a los pacientes. Si bien la telemedicina tiene un inmenso potencial para ofrecer una atención mejor coordinada y más eficiente, también puede generar problemas como la fragmentación y generación de brechas en la atención médica.

El uso de la telemedicina, igual que el de la educación virtual, requiere un cambio de hábitos de parte de los usuarios, lo cual, en muchos casos, particularmente en poblaciones de edad avanzada no es tan fácil. Pero al igual que ha pasado con el consumo de música, video y la mensajería, es de esperarse que la sociedad evolucione de lo que ayer considerábamos normal en la prestación de servicios de salud a un entorno y unos hábitos muy diferentes en un corto plazo.