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Las autoridades solo autorizan nuevos establecimientos bancarios si concluyen que se seguirán prácticas idóneas para prestar dinero, con sujeción a regulación y vigilancia. La banca asigna ahorros del público a usos diversos, con propósito de lucro fruto del examen ordenado de perspectivas macroeconómicas y sectoriales, y de la gestión de personas y empresas. Hay crédito comercial para actividades empresariales, crédito hipotecario para aspirantes a compra o mejora de residencia, y crédito para consumo, con apoyo creciente en herramientas estadísticas. La primera responsabilidad de los bancos es el acierto en el otorgamiento de créditos.
El privilegio bancario exige ofrecer excelente servicio a los depositantes, mediante sistemas de pagos y provisión de liquidez a partir de depósitos en cuentas corrientes y de ahorros; el verdadero propósito de estas últimas es transaccional. En el mundo actual, con participación abrumadora de los mecanismos digitales para los pagos, el servicio transaccional depende de la utilización de tecnología de manera segura. Lograr este objetivo es una segunda gran responsabilidad.
La banca tiene límite para la relación entre el crédito ponderado por el riesgo que representa según la naturaleza del crédito y la calidad de las garantías que lo respaldan, y el patrimonio técnico, definido como capital, reservas y utilidades no distribuidas, sin considerar las utilidades retenidas que excedan la suma de capital y reservas. En últimas, el desenvolvimiento de los sistemas bancarios depende del comportamiento de la economía en general. La planificación acertada y el seguimiento riguroso a la situación son una tercera responsabilidad.
La estructura del mercado, derivada de la necesidad de proteger el ahorro del público, es imperfecta, lo que puede desembocar en márgenes de intermediación desbordados. La participación del sistema financiero, del cual los bancos son parte muy importante, en el producto interno bruto en todo el mundo, tiende a aumentar desde que se abandonaron las tasas de cambio fijas hace medio siglo, y se integraron las economías con el crecimiento del comercio internacional. La tendencia puede fomentar la desigualdad sin justificación en valor agregado efectivo, y debe combatirse mediante la eficiencia, con remuneración adecuada para el capital, pero no desmesurada, y sin incurrir en riesgos indeseables en la colocación, con objetivos de corto plazo. La ética de la gestión es una cuarta responsabilidad.
El mundo enfrenta cambios en las décadas que siguen, por el envejecimiento poblacional y la reducción de la proporción de la población con capacidad productiva, la automatización, que aumenta productividad, pero puede causar fracturas sociales, y la necesidad de atender riesgos ambientales. La banca debe iluminar el camino para la gestión del sistema económico en el nuevo escenario. Hacerlo es una quinta responsabilidad social.
El banco central en China presta servicios transaccionales a personas naturales con eficiencia y transparencia fiscal. La inteligencia artificial obligará a repensar organizaciones: habrá más integración internacional.
Los directores de los bancos deben conjugar disciplina, conocimiento y visión. Los retos de hoy exigen amplitud visual. Es preciso que los accionistas acierten al escoger y al evaluar. La responsabilidad social es inmensa.
El primer minuto de juego nos da esperanza; los yerros en comunicaciones o en casos puntuales no nos pueden desviar del objetivo que es reconstruir el país. Solo una preocupación: se requieren más recursos de los que hasta ahora han identificado
Estamos lejos de un pacto entre naciones soberanas; se trata de una transacción mercantilista que despoja a los venezolanos de su patrimonio sin transparencia ni fiscalización pública