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Todo sigue igual

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Después de dos meses de discusión sobre alternativas para que el subsidio cafetero llegara a un mayor número de beneficiarios y en una forma más equitativa, finalmente se decidió dejarlo igual, seguramente ante la falta de los voceros de las diferentes fuerzas que representan a los productores.

Dignidad Cafetera reclama como propio haber logrado continuar con el programa. Así fue reconocido públicamente, inclusive por el representante de Caldas en el Comité Nacional cuando afirma: “agradecimientos para Dignidad Cafetera no para el gobierno”.

Sin embargo, ese movimiento que decía mostrar un alto contenido social en sus banderas, defendiendo a los pequeños productores, demostró que no era así. Se constató en la cumbre del 27 de enero, cuando los grandes caficultores y patrocinadores, desplazaron a los voceros, dada su calidad de políticos aspirando a curul, nombrando una comisión técnica para representarlos, conformada por cafeteros de gran formato.

Pero la gran paradoja es que, por cuenta de su intransigencia, pusieron a declarar renta y a pagar impuestos a más de 70.000 cafeteros, cuando ordinariamente lo hacían unos 2.700. Por lo tanto, cuando se enfrenten a esa tortura a la que nunca han estado obligados, deberán recordar quién fue el culpable.

La razón es muy sencilla: con el sistema propuesto por el Gobierno, con un PIC pagado por hectárea, cada cafetero recibiría su cheque sin necesidad de declarar las ventas, ni tramitar facturas. Con el actual sistema todo el café deberá estar facturado en cabeza del propietario, con cédula cafetera, lo que los obligará a declarar renta por recibir ingresos superiores a $37.577.000 como lo señala el decreto.

Anteriormente, las ventas las hacía el campesino en cabeza de varios miembros de la familia, de manera legítima, sin evasión de ninguna naturaleza, ubicándose todos por debajo de ese límite. Solo tenían retención en la fuente del 0,5%, las facturas de compra de café superiores a $4.398.000, y allí cesaba la obligación del cafetero.

Pero como “no hay mal que por bien no venga” la única solución para que el ingreso no se dedique a pagar impuestos, es vincular a los trabajadores a la seguridad social, requisito de ley que permite deducir el gasto laboral, que constituye 80% de los costos de una finca de café. Tendrá el país, gracias al egoísmo y a esta falta de visión fiscal de los líderes, cerca de 100.000 trabajadores afiliados, seguramente haciendo aplicación del nuevo decreto, que permite pagar la contribución por semanas. Así mismo, la Dian tendrá 70.000 nuevos contribuyentes.

El otro autogol fue la renuncia por parte de los promotores a la posibilidad de recibir $1 billón que el Gobierno destinó para el PIC. Con la fórmula de subsidio por hectárea se proponía la entregar inmediatamente, recibiendo el productor el dinero en su Cédula Cafetera. Ahora, será en función del precio del día de la factura y se otorgará el auxilio siempre y cuando el precio más el PIC no supere los $700.000 por carga. El aumento del precio interno, fruto de la devaluación y de la cotización internacional, cada día se acerca más a ese disparador y por lo tanto, no está lejos el día en el que se pueda suspender el PIC. Ya la semana pasada se registró disminución del subsidio por carga.

Los dirigentes que se opusieron a la nueva fórmula, tendrán que explicar a los productores cómo su intransigencia llevó a desperdiciar semejante ayuda, que ningún Gobierno había entregado de forma tan generosa a un gremio.

Mientras tanto los candidatos al Congreso de la República, arropados con la bandera cafetera, continúan amenazando con paro cafetero y manifestando la imposibilidad de pagar los créditos, cuando las carteras se comportan bien, ratificando que los pequeños productores lo que más cuidan es su crédito, cumpliendo con sus obligaciones crediticias. Ese discurso favorece unos pocos deudores, de gran tamaño, y cierra  las puertas de los bancos al sector cafetero, perjudicando a los pequeños para quienes es vital el crédito.

Dictum. Son iguales el subsidio al café y al azúcar. El del café lo aporta el tesoro público y el del azúcar, los consumidores.

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